La ansiedad desaparece si se elimina la autocrítica

“La ansiedad siempre ha sido mi problema. Pero todo se vino abajo con la separación de mis padres”, dijo Roberta, una psicoterapeuta de la escuela secundaria. “Las cosas son peores cuando estoy con mi padre: es exigente y quisquilloso, siempre me exige mucho y siempre me pone ansioso. Me divierto con mi madre, la ayudo a montar el escaparate de su tienda y me relajo, allí no pienso en nada. Roberta es una chica responsable y diligente: “Siempre he sido buena en la escuela, pero ahora voy con dificultad, ya me levanto con ansiedad. A veces, por la mañana, cuando papá ha salido, paso por la casa vacía, como si el tiempo no existiera. Estoy encantada frente al espejo, y cuando me recupero han pasado tres horas y ni siquiera he ido a la escuela! ¿Qué me está pasando? A veces es como si estuviera escuchando una voz interna que critica todo lo que hago. Cada acción que realizo está mal, todo mi compromiso nunca es suficiente y la ansiedad me atormenta”.

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El silencio cura la ansiedad

Roberta es muy exigente consigo misma, no hace más que cuestionarse a sí misma, la autocrítica es un desperdicio. En estas condiciones, la ansiedad sólo puede aumentar. Pero, ¿qué es lo que te pasa? Sus acciones están constantemente orientadas a la superación personal, la mentalidad perfeccionista absorbida por su padre no le deja un momento libre. ¿No es esta búsqueda espasmódica de la perfección su único error? Esta actitud mental la hace perder de vista lo que es único para ella. Pero, ¿de quién es la voz crítica que siempre ocupa su mente? ¿No es esa la voz de su padre, que la juzga constantemente? Así que los pasajes vacíos y los momentos de ausencia, considerados tan negativos por Roberta, la están curando, al igual que la ansiedad.

Últimamente, sólo cuando pierdes, ella vuelve a ponerse en contacto con su verdadero yo. Y cuando monta los escaparates de la tienda de su madre, también allí se queda encantada y se encuentra de nuevo. Es precisamente dando espacio a estos momentos, de manera guiada, que Roberta redescubrirá la serenidad en la terapia, aceptándose a sí misma. Cuando se mude permanentemente a la casa de su madre, también podrá volver a la escuela, sin ansiedad. Saber mirar lo que está ahí, no lo que debería estar ahí: apoyar lo que viene de uno mismo, no los proyectos de la mente. La pregunta correcta no es: ¿qué tan bueno he sido hoy, sino: qué tan silencioso he estado hoy? ¿Qué tan encantado he estado? Sólo en el silencio puede el proceso natural que nos constituye conducirnos hacia los objetivos que realmente nos pertenecen y liberarnos de las perturbaciones.

Desapareció de la ansiedad con la técnica del eco

“¿Lo hice bien? ¿Lo hice mal? ¡Qué ansiedad, ahora se reirán de mí! Tengo que mejorarme a mí mismo”: son pensamientos obsesivos típicos, autocrítica constante que nos dirigimos a nosotros mismos. Estamos acostumbrados a creer que son “nuestros pensamientos”: vienen de dentro, ¿de quién más podrían ser? Pensamos en ellos. Las realidades de estas frases son un eco, un reflejo de algo que viene de fuera: el resultado de condicionamientos, juicios que hemos absorbido de los demás y que la ansiedad quiere “tirar” de nuestras vidas. La gran psicoanalista Marie-Louise Von Franz enseñó un ejercicio de percepción útil para “desidentificarnos” de estos pensamientos invasores, que no nos pertenecen. Durante el día, observe las frases de autocrítica que acompañan sus momentos de incomodidad o conflicto, de ansiedad . Cierre los ojos y escúchelos resonar: imagínese que son dichos por alguien, reconozca por la voz que le pueda haber dirigido en un momento de conflicto (un miembro de la familia, un colega o el director de la oficina, por ejemplo). Reconocerlo como no tuyo será útil para crear una distancia que permita que se desvanezca gradualmente.

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