La ansiedad se desvanece si te liberas de la claustrofobia existencial

El terror de los lugares cerrados es uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes en el mundo. Se manifiesta en espacios confinados, espacios estrechos, con rutas de salida de difícil acceso: todos los escenarios que las personas que la padecen intentan evitar a toda costa. Junto a esta forma de desorden, hay otro que no ocurre en lugares físicos sino en situaciones existenciales. Usted puede, es decir, tener la misma forma de ansiedad incluso cuando se siente atrapado en una situación, como una relación de pareja, un trabajo, un estilo de vida. En otras palabras, puedes sentir una sensación de claustrofobia cada vez que te sientes “encerrado”. Al igual que en la forma clásica de claustrofobia, incluso en este caso, la persona casi siempre no sabe nada sobre las verdaderas razones que desencadenan su ansiedad.

Si no te expresas tarde o temprano la ansiedad explota

A través de esta forma particular de claustrofobia, nuestro sistema nervioso nos está señalando que nuestro núcleo más vital se siente condenado al encarcelamiento y es incapaz de expresarse. Por esta razón, el pánico de sentirse encerrado puede surgir en diferentes situaciones, por ejemplo, después de decir sí en el altar de un matrimonio en el que se han subestimado las fuertes dudas o después de haber elegido una facultad universitaria impuesta por los padres. Incluso cuando has logrado exactamente lo que querías y te das cuenta de que ya no tienes planes. La claustrofobia expresa una función interna: la que defiende el núcleo más auténtico y dinámico de la personalidad. Pero, ¿por qué se produce un accidente cerebrovascular, después de años en los que quizás la persona ha soportado la misma situación sin síntomas? La respuesta es simple: porque la última puerta está cerrada, por ejemplo una historia extramatrimonial que termina o la esperanza extrema en una obra diferente que se apaga. La puerta se cierra, el malestar que ha estado presente durante algún tiempo se concentra y en poco tiempo explota.

Averigüe qué lo limita: es lo que lo pone ansioso

Los límites que nos hemos impuesto a nosotros mismos han obstaculizado algo que necesitamos sentir, a saber, la libertad, la espontaneidad, la esencia . Lo cierto es que se necesitan cambios, en el “qué” vivimos y en el “cómo” lo vivimos. Nuestro sistema nervioso no desencadenaría un síntoma tan fuerte si no quisiera realmente invalidar una situación que considera peligrosa para la salud psicofísica y para el camino existencial. Así que escuchémosle y cambiemos nuestra mirada. Observamos cuándo y dónde se manifiesta el síntoma, qué nos impide hacer, si aumenta o disminuye con la presencia de alguien o algo: ¿qué nos hace sentir cerrados? ¿Qué nos haría sentir libres? Cuando la claustrofobia comienza a disminuir, entonces estamos en el camino correcto. Aquellos que sufren de claustrofobia, en cualquier forma, casi siempre tienden a no enfrentarse al problema y a escapar del síntoma, que en cambio debe ser bienvenido. Es la inercia del nicho, es decir, el hecho de que el pantano en el que caíste te impide vivir libre pero, al mismo tiempo, “te mantiene caliente”. Aceptar el síntoma no significa aceptar el malestar y todos los límites que impone como si fuera un destino, sino, por el contrario, empezar a tomarlo en serio.

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