La autoestima sólo viene con la mirada correcta

¡La autoestima es cuestión de mirar!

¿Quiere ver su autoestima fluir espontáneamente? Hay que activar una “mirada panorámica” de la vida; observarse a sí mismo de esta manera tiene un poder terapéutico muy profundo. La mirada panorámica es amiga de la autoestima precisamente porque nos separa de nuestro pasado, del yo y del laberinto de sus pensamientos y nos hace mirar sobre nuestras verdaderas fuerzas vitales, que nos alimentan en todo momento y nos guían. Son la verdadera fuente de autoestima .

Ejercicio para la autoestima: introducción

La técnica de la vista panorámica, en diferentes variantes, ha sido utilizada por muchas tradiciones del pasado. Los antiguos tenían muy claro lo útil que era esta actitud para disolver el vínculo entre la incomodidad y la búsqueda de las causas: vincular la incomodidad a un motivo desencadenante no nos libera de ella, sino que nos lleva a identificarnos con ella y a perpetuarla. Así que para la autoestima : percibir su ausencia y verla en una perspectiva más amplia, en cambio, la hará volver. He aquí, pues, un ejercicio capaz de activar la mirada ampliada en todo momento, para disolver nuestras identificaciones y despertar la confianza en nosotros mismos y la autoestima .

Primer paso; observa el dolor de la falta de autoestima

Acuéstese en la cama o en un sofá y respire profundamente durante un par de minutos. Ahora presten atención a su incomodidad, al sufrimiento que les causa la falta de estima. Al cerrar los ojos, identificas un punto en tu cuerpo donde sientes la incomodidad más intensamente, como si se estuviera materializando allí…. Puede estar en la cabeza, en el pecho, en el vientre…. Identifica el punto donde el dolor es más intenso…. y lleva toda tu atención allí, en ese punto.

Segundo paso: colocar el dolor en un “árbol interior”

Después de unos segundos…. coloque su mano izquierda en la parte de su cuerpo donde siente más sufrimiento. Ahora, lentamente imagine que una planta, un gran árbol frondoso, nace dentro de usted. Míralo con calma, mira sus ramas, sus hojas, como si lo tuvieras delante de ti…. Ahora imagina que tu dolor, desde ese punto de tu cuerpo, se mueve lentamente en el árbol y se distribuye en cada parte de él.

Tercer paso: ahora contemple

Después de unos segundos, amplía tu mirada, haz una visión general, como si estuvieras mirando un panorama. Lo que se ve ahora ya no es un solo árbol, sino todo un bosque…. No ves más detalles, la mirada se pierde, miras tu incomodidad desde arriba. La mirada ya no se fija en nada. Sientes el placer de perderte en esta imagen de inmensidad. Continúa percibiendo este estado interior: pase lo que pase, ya no hay sensación de dolor, una sensación de tranquilidad inunda todo tu ser.

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