La autoestima te lleva a donde quieres ir

Deshagámonos de los laberintos de la mente

La primera regla de la autoestima: salir de los laberintos mentales
Muchos de nosotros sabemos que la condición interior de sufrimiento resumida en la palabra “disistima”, es ese estado de profundo malestar en el que te sientes inadecuado y te vuelves hipersensible a la más mínima crítica o fracaso. Usted está constantemente buscando confirmaciones de fuera y piensa que tiene que hacer esfuerzos para mejorar. Al hacerlo, nos estamos alejando cada vez más de nuestra forma natural de estar en el mundo y, por lo tanto, de esa corriente de energía que proviene del núcleo más profundo de nosotros y que alimenta nuestra autoestima. Autoestima: de dónde viene
Una de las estrategias para salir de este callejón sin salida mental es recurrir a un recurso que todos tenemos, a saber, la capacidad de ver las cosas de forma diferente. El secreto está en “ser lo que somos” y podemos hacerlo favoreciendo la intuición por encima del análisis, la espontaneidad por encima del autocontrol. En primer lugar, debemos dejar de juzgar nuestros estados internos y querer corregirlos a toda costa: alegría, celos, envidia, entusiasmo, ira. Son la expresión más pura de la energía que vive allí. Al aceptar los estados de ánimo tal como son, tomamos medidas decisivas para nuestro bienestar y elevamos el nivel de nuestra autoestima. Cinco estrategias ganadoras para ganar y mantener la autoestima
1) No escuches las críticas que te hacen daño. Si alguien te critica, en vez de mirarnos a nosotros mismos en busca de nuestro error, consideremos de qué púlpito viene el sermón. El objetivo no es acusar al otro, sino adoptar un punto de vista más desapegado e imparcial.
2) Contradecirse ayuda a sentirse bien. La vinculación a una identidad demasiado uniforme nos hace perder el contacto con la mutabilidad del alma. Ser flexible significa poder cambiar de opinión.
3) No hablamos de nosotros mismos. Hay palabras que ahora forman parte de nuestra forma habitual de expresarnos, a menudo son adjetivos, superlativos y despectivos: amargos enemigos de nuestra autoestima. Deberían prohibirse porque nos bloquean en un papel estático y ralentizan nuestras energías creativas.
4) Limitamos la autocrítica. “Cuestionarse” es un lugar común que daña nuestra autoestima: es mejor aprender sobre nuestros dones.
5) Busca la inquietud, no la calma plana. En momentos de aparente quietud o serenidad, no se “siente” poniéndose a la defensiva, dispuesto a evitar cualquier cosa que pueda perturbar la paz lograda. Asegúrate de que de vez en cuando te venga a visitar la inquietud, porque como decía C.G.Jung, un conocido psicoanalista, es una fuerza que nos empuja al progreso, a la búsqueda, a estar despiertos y receptivos.

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