La dependencia desequilibra a la pareja

Al principio de una relación de este tipo, las dinámicas son siempre confusas: no se sabe bien si fue uno el que se apoyó demasiado en el otro, o si fue el otro el que alentó el apoyo. Lo cierto es que al principio el claro desequilibrio creado entre “el que da” y “el que recibe” es un entendimiento mágico que fascina y satisface a ambos. No parece cierto lo que “pide” haber encontrado a alguien que esté dispuesto a ponerse a su servicio, a satisfacer sus necesidades, mientras que lo que “da” se siente muy gratificado al desempeñar el papel de salvador. Ambos perciben este esquema como tan ventajoso e idílico que no se dan cuenta de que se fija convirtiéndose en el modo estructurador (y contraproducente) de la pareja.

Si todo está permitido a una sola persona

La asimetría en el par permite a uno de ellos decir y hacer cosas que el otro no está autorizado a hacer: siempre puede poner sus problemas en el centro de atención, expresar todo tipo de nerviosismo o cambios de humor, hacer críticas feroces durante las discusiones, cometer errores repetidamente sin disculparse o lamentarse. Todo ello sin pensar en las consecuencias, exigiendo que el otro no muestre descontento por tener que adaptarse y tener la confianza de que la pareja lo entenderá. Además, pide la satisfacción de sus propias necesidades aunque prevean grandes sacrificios por el otro, que hará todo lo que esté a su alcance para satisfacerlo: será su misión. A la larga, sin embargo, el desequilibrio comienza a hacerse sentir: el “donante”, ya agotado, comienza a fracasar, pero se siente incapaz de pedir comprensión o ayuda; el “solicitante”, sin embargo, pide aún más ayuda y comprensión, pero ve que el otro no puede “servirle” como de costumbre. Es en este punto donde el idilio se convierte en una crisis de pareja y los dos están cargados de ira en esta discrepancia entre expectativas y decepciones.

La solución: compartir la responsabilidad

La mejor manera de resolver la situación es reconocer que la responsabilidad recae en ambos porque el “solicitante” ha expresado una carga exagerada de deseos y necesidades, y el “donante” no ha afirmado sus propias demandas y deseos, ha intentado ser aceptado a través de la estrategia de satisfacer y ha querido “ser el héroe” pasando por alto la idea de que no había problemas para adaptarse a todo. Por eso, los dos tienen una gran oportunidad de crecimiento en la que ya no pueden culparse mutuamente: para que uno deje de poner en el centro de atención la necesidad continua de ser atendido, de poner en el centro de atención los propios problemas, de no disculparse nunca y de no reconocer nunca los esfuerzos del otro; para que el otro deje de ponerse en el centro de atención como el que siempre satisface las expectativas de la pareja, que corre en su ayuda en cada ocasión y que sufre su carácter, olvidándose siempre de él y de sus necesidades.

¿Cómo reequilibrar la relación?

  • Para los que siempre reciben , es hora de alejarse de la botella y mirar la otra. Seguir preguntando significa tratar a la pareja como una especie de “biberón” siempre listo para usar. Necesitamos un “destete”: comprometidos, por tu bien y por el de la pareja, a resolver de forma independiente algunas de las cosas que nos pidas. Tener necesidades no debe hacer olvidar que, en la vida de pareja, hay “el otro” con sus necesidades y sus dificultades. Aprende a compartir y así llegará una ayuda más madura, que tendrá en cuenta a ambos.
  • Para los que siempre se dan primero, tú también estás ahí y tienes que dar tus “coordenadas” a la pareja (quién eres, qué piensas y qué necesitas), para no aumentar su egocentrismo y dependencia de ti. Empieza a decir claramente lo que piensas y quieres. No es egoísmo. Para lograr esto necesitas momentos en los que percibir más de tu interioridad y de tu cuerpo, y así traer tu centro psíquico de gravedad de vuelta a ti mismo.

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