La felicidad: cómo encontrarla dentro de ti

¿Cuál es la opinión común sobre felicidad ? Podemos resumirlo así: “La felicidad es un mito, una leyenda: todo el mundo habla de ella pero pocos la conocen realmente, y muy pocos tienen la suerte de disfrutarla durante mucho tiempo….”. En la práctica se piensa que la felicidad es un factor externo para nosotros, que debe buscarse, pero que rara vez esta caza tiene éxito. ¿Y si todo está mal? Tratemos de pensar que la felicidad no es un premio o un trofeo para ganar o merecer. Los estudios científicos muestran que nuestros cerebros están programados para producirlo continuamente. De hecho, en cualquier momento, mientras perseguimos pensamientos, proyectos, objetivos, el cerebro está “feliz”, es decir, se prepara para crear una condición de plenitud y satisfacción, que no depende de circunstancias externas y no tiene un “plazo” de tiempo. El cerebro tiende al equilibrio, manteniendo activas en todo momento las unidades de control de placer y gratificación, secretando endorfinas y neurotransmisores, en particular la serotonina, responsable de un estado de bienestar y felicidad . Entonces, ¿por qué la felicidad parece tan rara?
Aunque el cerebro siempre está listo para generar felicidad , en la experiencia de muchas personas prevalecen principalmente los estados de ánimo negativos: muy a menudo estamos invadidos por malos pensamientos, preocupaciones y ansiedades que arraigan e “infestan”, como las malas hierbas, nuestra mente. Si queremos explotar todo el potencial de felicidad que nuestro cerebro secreta, debemos ayudarle con la actitud correcta.

Creencias erróneas que dificultan la felicidad “La felicidad depende del exterior”. Así que búscalo donde no está
Es un poco como el error número uno, resumiéndolos todos. A menudo miramos con recelo a las personas que, a pesar de tener muy poco, dicen que son felices. Se cree que son ingenuos, de poca monta…. En realidad, somos nosotros los que lo somos cuando estamos convencidos por la idea de que no se puede ser feliz cuando se está solo, o con pocos medios, sin una casa bonita, sin un trabajo gratificante…. Son las condiciones que establecemos para la felicidad las que nos hacen insatisfechos: siempre estamos buscando algo, la esperanza de que un proyecto se haga realidad, de que se presente un acontecimiento satisfactorio que pueda finalmente hacernos sentir felices. “La felicidad es rara, excepcional”. De esta manera ignoras todos los pequeños momentos felices
¿Cuántos son los momentos realmente felices de la vida? La opinión común es que se cuentan con los dedos de una mano y corresponden a acontecimientos excepcionales: matrimonio, primer amor, graduación, firmar un buen contrato, unas vacaciones memorables, el nacimiento de un hijo…. ¿Y en la vida cotidiana? Ya no lo notamos, adictos como somos a las rutinas y hábitos. En vez de eso, la vida está llena de momentos felices, simplemente no los ahogues con pensamientos obsesivamente volteados hacia el pasado. “Tienes que merecerlo”. Conviértelo en algo que sólo viene con la lucha

Después de todo, estamos convencidos de que, como todos los premios, debemos merecerlo. Para ser dignos de ella, tenemos que realizar un trabajo duro, un gran compromiso, renuncias y sacrificios. Debemos mejorarnos a nosotros mismos, suavizar los defectos y las limitaciones, y lograr objetivos profesionales. Debemos esforzarnos, debemos luchar con nosotros mismos y con el mundo, debemos alcanzar el éxito. Pero así, si por casualidad llegamos un poco, inmediatamente entramos en ansiedad porque nos sentimos amenazados y acabamos ni siquiera disfrutando. Es el camino equivocado: la alegría y el dolor han sido estados internos que coexisten en el cerebro en todo momento, porque son producidos por el cerebro, no por el mundo exterior. No hay ningún esfuerzo práctico o moral que hacer, no hay felicidad que merecer : hay espacio para ello dentro de nosotros. “La felicidad es un ideal”. Si se convierte en una utopía, ya no se llega a ella
Si pensamos que felicidad es el resultado de condiciones ideales, es decir, si pensamos que seremos felices sólo cuando hayamos alcanzado esa meta, o hayamos alcanzado esa meta personal en particular, estamos enviando felicidad de regreso a un futuro utópico que tal vez nunca llegue. En ninguna parte hay un mundo perfecto sin conflictos, sin problemas, sin dificultades, donde se satisfagan todas nuestras necesidades y deseos. Es un mundo tan ideal que no existe. Pero si la felicidad se convierte en una utopía, la infelicidad se convierte en la norma, que puede ser soportada quizás en vista de un fin superior. Nunca debemos oponer la realidad de hoy a los sueños de mañana: la realidad debe ser nuestro sueño, hoy, aquí. Todo lo que necesitamos para ser felices ya está a nuestra disposición, no hay nada más que buscar.

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