La felicidad es contagiosa, la depresión no lo es!

Si la felicidad, como se suele decir, es contagiosa, afortunadamente lo mismo no parece aplicarse a la depresión. Conocer a personas que están pasando por un período difícil o que sufren de un trastorno grave del estado de ánimo no nos pondría en riesgo : al contrario, representaría una oportunidad para difundir un estado mental saludable dentro de la propia red social o grupo de amigos. Así lo pone de manifiesto un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Manchester y Warwick, y publicado recientemente en Proceedings of the Royal Society. El estudio analizó el comportamiento de más de 2.000 adolescentes estadounidenses, verificando cómo su estado de ánimo influyó en el de los amigos y conocidos cercanos a ellos. Para llevar a cabo el proyecto, los investigadores tomaron prestadas las técnicas normalmente utilizadas por los epidemiólogos para controlar la propagación de enfermedades, y así crearon un modelo con el que monitorear cómo se propagaba el estado de ánimo de los niños dentro de su red social.

Una búsqueda inusual, un resultado inesperado…

Esta encuesta, explica Thomas House, que coordinó el estudio, tiene características diferentes a las del género porque no investigó la causa única de la depresión, sino que abordó un tema ligeramente diferente: quería explorar cómo sus amistades y el entorno social en general pueden influir en el riesgo de desarrollar un trastorno del estado de ánimo o, por el contrario, la posibilidad de recuperarse de una crisis depresiva.

…La depresión no se propaga

Los resultados de la investigación han mostrado que la depresión parece incapaz de propagarse dentro de una red social. Para quienes están en riesgo o ya sufren de esta enfermedad, un número suficiente de amistades “sanas”, que tienden a ser felices, puede ser una panacea, duplicando las posibilidades de recuperación y reduciendo a la mitad el riesgo de sufrir depresión. Según el Dr. House, tener una fuerte red social a su alrededor podría ser una forma extremadamente efectiva de combatir la depresión; por ejemplo, si en nuestras sociedades incentivamos las oportunidades para desarrollar amistades entre adolescentes, cada niño podría tener más probabilidades de conocer a suficientes personas con un estado de ánimo “saludable” para beneficiarse de este efecto “protector”.

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