La inseguridad es un don, no un defecto

“Como un niño pequeño le da la mano a su madre, así queremos algo a lo que aferrarnos, a alguien que nos ame. Sin una sensación de seguridad, sin una defensa mental, nos sentimos perdidos. Estamos acostumbrados a apoyarnos en los demás, a pedir a los demás que nos guíen y apoyen, y sin ese apoyo nos sentimos confundidos, asustados, no sabemos qué pensar, cómo actuar. Cuando nos dejamos solos, nos sentimos solos, inseguros, inseguros. De ahí viene el miedo, no es así”. El gran sabio indio Jiddu Krishnamurti destaca, con estas palabras, una d y los rasgos más extendidos de la inseguridad: el miedo a no poder hacer frente a las situaciones. Un miedo que a menudo se esconde bajo la máscara de un afán de decidir a toda costa en la creencia de que la decisión es un plano inclinado a lo largo del cual uno debe deslizarse fatalmente. No somos conscientes del deseo de mostrar la imagen impecable de una persona segura de sí misma: coherente y capaz de elegir en cualquier momento. Pero también de la orgullosa convicción de poder maniobrar el globo aerostático de la maleta que lo soporta con el lastre de nuestras certezas. Al hacerlo, perdemos de vista el hecho de que la vida es por naturaleza insegura….

La inseguridad estimula la imaginación

La vida -nos recuerda Osho- “no es un proceso mecánico. No puede dar seguridad. La vida es un misterio impredecible. Nadie sabe lo que pasará después… No, no hay certezas. Nada puede proporcionar seguridad, porque una vida segura sería peor que la muerte. No hay certezas: la vida está llena de incertidumbres, llena de sorpresas y esta es su belleza “” Por lo tanto, según Morin, no podemos encerrarla en el recinto de los valores inoxidables: “Cada uno debe ser plenamente consciente de que su vida es una aventura incluso cuando cree que está encerrada en una seguridad burocrática”. Entonces, ¿qué hacer? lo único sensato es aceptar la inseguridad cuando aparece dentro de nosotros, debemos aceptarla como un invitado que se sienta a nuestra mesa a decirnos algo sobre nosotros. Necesitamos un cierto grado de desconcierto para permitir que la imaginación estire su arco. Ofrecernos posibilidades alternativas cuando nos enfrentamos a soluciones que nos parecen equivalentes. La imaginación ciertamente no puede galopar cuando pensamos en resolver problemas transitorios con soluciones permanentes. La imaginación requiere sobre todo asumir el punto de observación situado en el Olimpo de nuestro silencio interior. Sólo adoptando la perspectiva creada por este nuevo horizonte, la imaginación podrá mostrarnos, casi por arte de magia, el camino a seguir. Podrá hacer de la inseguridad un recurso creativo que nos será confiado……

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