La nariz, la casa de la intuición.

“La nariz huele y elige. Un artista es sólo un animal en busca de trufas a las que su nariz apunta”. Para describir su relación con la intuición, el gran músico ruso Igor Stravinsky no hablaba de sus orejas, como era de esperar, sino que partía de su nariz. No se equivocó: entre los órganos sensoriales, el sentido del olfato, que se encuentra en la cavidad nasal, es el más arcaico y el más ligado a nuestros orígenes animales. Esto significa que los mensajes olfativos llegan al cerebro intactos, sin ser transmitidos (como sucede con los otros sentidos) a través de estructuras medias de elaboración. El primer significado simbólico de la función nasal está, por lo tanto, ligado a la intuición, la capacidad de elegir lo que es bueno para nosotros, independientemente de la conciencia racional.

Para los animales es el órgano más importante

Este aspecto de la simbología está ligado a nuestro ser de mamíferos: para animales como nosotros el sentido del olfato es vital, siendo utilizado para encontrar comida, escapar de los depredadores, elegir una pareja. El hombre ha perdido la capacidad de usar su nariz de la mejor manera posible; sobre todo, no confía en su intuición, haciendo hipertrófico el componente racional. La nariz es también un símbolo sexual: su forma alargada y prominente ha hecho que Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, la sitúe entre los principales símbolos fálicos. De hecho, la nariz simboliza tanto la sexualidad masculina como la femenina, debido al movimiento del aire que entra y sale. El vínculo entre las funciones respiratorias y sexuales está confirmado por el desarrollo simultáneo, en la fase embrionaria, de los órganos olfativos y genitales.

Sonarse por la nariz: la agresividad restringida es ventilada

Cuando se siente en peligro y no puede escapar, el gato comienza a soplar: anuncia que está lista para la lucha. Asimismo, muchas personas que están bajo estrés ven alterada su función respiratoria por soplos involuntarios e incontrolables, mucho más vehemente que la respiración normal: una clara señal de intolerancia. La agresión reprimida también puede encontrar su expresión corporal en el acto de rizar la nariz -así es como los niños hacen la “cara fea”- o de agrandar las fosas nasales.

Arriba de la nariz: en el suspiro la ansiedad del abandono

El gesto de “levantar la nariz” nos habla de nuestra relación con el primer alimento: el aire. Cuando se trata del mundo, el recién nacido respira primero y entra inmediatamente en contacto con la atmósfera materna: por esta razón, las patologías del sistema respiratorio (en primer lugar el asma) están correlacionadas de manera análoga a la relación con esta figura. El “pull up” simboliza una percepción de falta de aire, una ansiedad primordial de abandono que puede surgir en momentos de la vida cuando tememos estar solos y sin protección.

Tocarse la nariz: una molestia nos irrita

Tocarse y rascarse la nariz son gestos muy comunes que no siempre tienen un significado simbólico claro. Pero es un hecho que si ocurren en ausencia de un estímulo externo (como un insecto que descansa) significa que el cerebro ha enviado un mensaje que se convierte en una pequeña vasodilatación y esto genera comezón. Por lo tanto, es posible que detrás de tales gestos esté el deseo de “rascar”, de expulsar algo (o a alguien…) que nos irrita. La nariz no miente: si se enferma escondemos algo….

Resfriado y rinitis: momento de cierre y llanto enmascarado

Un resfriado es una enfermedad infecciosa de las primeras vías respiratorias. Si es crónico refleja una disminución del sistema inmunológico. De hecho, a través de la nariz tapada y los ojos afectados por la conjuntivitis, el cuerpo señala un momento de cierre generalizado al ambiente exterior, la necesidad de tomar un descanso. La rinitis, por otro lado, es una especie de llanto enmascarado: el goteo continuo de la nariz es una lágrima “sustitutiva” de las lágrimas que no se nos permite derramar.

Alergias respiratorias: defensa excesiva contra el cambio

Las alergias son inflamaciones temporales que afectan a la membrana mucosa de las fosas nasales, generalmente provocadas por el polen. Representan simbólicamente el conflicto entre el ambiente externo (que, sobre todo en primavera, lleva las energías primordiales y sexuales a la madurez) y la identidad individual. Cuando nos resistimos a la renovación que requieren esas energías, nos encontramos más expuestos. Las alergias son un “exceso de defensa” del sistema inmunitario frente a los contenidos considerados “perturbadores”.

Sinusitis: un embotellamiento que impide el razonamiento

El mismo conflicto interno que caracteriza a la rinitis puede ser bloqueado en las fosas nasales creando un estancamiento del moco: esto es lo que sucede en la sinusitis, que tiene tendencia a cronizarse: las personas que la padecen informan de no poder razonar (para planificar) durante las crisis, debido al dolor agudo que causa el “atasco de tráfico”.

Pérdida del sentido del olfato: alt al enemigo escondido entre los olores

La anosmia es una pérdida grave del sentido del olfato. Este trastorno implica la creación de una barrera que anula la información olfativa procedente del exterior, ya que se cree que su contenido es peligroso no sólo para la identidad sino incluso para la supervivencia del individuo. Es como si el conflicto del que hablamos sobre la rinitis y la sinusitis se hubiera vuelto aún más radical, perdiendo, sin embargo, el sentido del olfato, el contacto más auténtico con el mundo.

Sangre de la nariz: muchas razones, siempre un conflicto interno

La sangre de la nariz (sangrado nasal) puede tener diferentes significados. En la hipertensión es una válvula de alivio orgánica para el exceso de presión arterial. En la mujer, cuando llega en los días anteriores al ciclo, es una especie de menstruación simbólica, que señala un conflicto interno en la esfera de la sexualidad: la analogía entre el aparato olfativo y el aparato sexual es significativa. En general, en los jóvenes y adolescentes, la hemorragia nasal es una manifestación de una fuerte emoción: la ruptura del jarrón, que provoca la fuga de sangre, rompe la máscara de dureza que el individuo quiere mostrar al mundo, pero que le cuesta mucho esfuerzo y esfuerzo.

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