La obesidad daña el cerebro

La obesidad no es sólo un problema estético: esta verdadera enfermedad masiva es también un factor de riesgo importante para el desarrollo de otras enfermedades que pueden poner en peligro nuestra salud. Las previsiones distan mucho de ser tranquilizadoras: se espera que en 2030 el 40% de la población sea obesa, mientras que hoy, en Italia, el 36% de los niños y 34 de las niñas tienen un sobrepeso digno de atención. Es sorprendente cómo estas cifras superan la media de otros países europeos, mientras que hasta hace unos años era lo contrario. Pero más allá de los riesgos cardiovasculares y del desarrollo de los cánceres, para los que ya se ha establecido una importante correlación, la atención en este momento se dirige principalmente a las patologías de la mente.

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La obesidad también puede llevar a la depresión

Según Luca Steardo, profesor de Farmacología de la Universidad La Sapienza de Roma , actualmente existen numerosos datos clínicos que sugieren que la obesidad puede estar implicada en el desarrollo de trastornos psiquiátricos. La investigación ha demostrado que una madre obesa puede dar a luz a niños que son más propensos a desarrollar trastornos psiquiátricos: estos son el autismo, la hiperactividad, los trastornos de atención o los trastornos alimentarios. Si hasta hace poco la presencia de la obesidad se relacionaba principalmente con la posibilidad de desarrollar más fácilmente enfermedades como la hipertensión, la diabetes o el infarto de miocardio, ahora nos preguntamos por las repercusiones que también pueden tener en el cerebro: muchos estudios empiezan a poner de manifiesto una estrecha relación entre la mala nutrición y el desarrollo en la vejez de la enfermedad de Alzheimer, pero los efectos parecen ser de mayor alcance y, sobre todo, aún más precoz, como en el caso de la esquizofrenia y la depresión.

Obesidad, el peso de la psique

Cuando la grasa “invade” el cerebro…

¿Cuáles serían los mecanismos detrás de este fenómeno? Se trata de entender en profundidad cómo se comporta la grasa en nuestros cuerpos: la grasa libera más de 39 sustancias y muchas de ellas llegan al cerebro. Hasta hace unos años, se creía que el tejido adiposo era sólo un tejido de “reserva”. Este no es exactamente el caso: la grasa se comporta en todos los aspectos como una especie de glándula que libera en la sangre sustancias que interactúan con nuestro cerebro regulando la sensación de saciedad o hambre. A falta de esta regulación adecuada porque está “fuera de acción” por la interferencia de la grasa en nuestros cuerpos, perdemos esa capacidad de percibir auténticamente cuando necesitamos alimento y cuando no . En este caso, el papel del intestino, que actúa como el principal órgano responsable de enviar señales al cerebro relacionadas tanto con la cantidad como con la calidad de los alimentos, queda eclipsado. Nuestro cerebro pierde así su principal interlocutor para la regulación del peso corporal y esto se traduce en una cascada de problemas, tanto físicos como mentales.

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