La verdadera felicidad está lejos del egocentrismo

El egocentrismo es una actitud que en algunas personas comienza a manifestarse en la adolescencia y luego se hace más y más fuerte, hasta que se convierte en la principal forma de actuar y relacionarse: buscar, en todo lo que uno vive y hace, una ganancia personal. Advertencia: El egocentrismo no tiene nada que ver con el egoísmo sano – que consiste en conocer cuáles son las necesidades más profundas de uno y no sacrificarlas a modelos externos – sino con una dificultad extrema para hacer algo que no presenta al menos una ventaja para uno mismo. Es como si una persona tuviera la obligación interna -automática y a menudo sin darse cuenta- de “exprimir” de cada situación un beneficio para sí misma, mientras que cuando esto no es posible, la situación misma no se considera digna de atención. El egocéntrico establece amistades sobre la base de lo que ese amigo puede darle (por ejemplo, invitaciones de vacaciones, recomendaciones, servicios profesionales gratuitos o con descuento), elige la asistencia sólo con vistas a cualquier beneficio o ayuda que un día pueda obtener y también en el amor hace algo así: elige una pareja que le gusta, pero debe ser alguien “correcto” incluso socialmente y dispuesto a ponerlo en el centro de sus intereses.

El egocéntrico es como un terreno árido

Incluso cuando hace algo por los demás, siempre hay alguna forma de ventaja personal detrás del comportamiento egocéntrico (incluso como un “retorno de la imagen”). Esta actitud global, sin duda, hace que la persona se sienta “bien situada” en la realidad: tiene una atención centralizada, dinero, poder, beneficios, ayuda. Pero la calidad de sus relaciones y de su vida interior con el tiempo se marchita, porque no se nutren de dos componentes fundamentales que nunca deberían faltar en al menos una parte de nuestra vida: la espontaneidad y la gratuidad. Sin estos ingredientes, la vida también puede ser funcional a las necesidades concretas del ego (entendidas de manera decididamente egocéntrica), pero le faltará alma, humanidad y profunda afinidad con los demás. En un momento dado, los relatos de los que “viven sólo para ganar” ya no vuelven: los que los rodean tienden a alejarse, otros desconfían, la felicidad no llega porque, en la búsqueda continua de su propio provecho, nos negamos oportunidades fundamentales para el enriquecimiento interior porque quizás, en este momento, no se consideran rentables. Liberarse de esta obsesión y actuar con espontaneidad significa realmente hacerse un gran regalo.

Todos los daños egocéntricos

– Rodéate de relaciones falsas y sin relación.

– Alejando a los que nos aman y nos hacen el bien.

– Para inducir la frustración en el socio y favorecer las crisis.

– Perder oportunidades para enriquecerse por dentro.

– Conviértete en un esclavo de las ventajas adquiridas.

Primeras cosas que hacer

Confiar en el caso

Puede ser muy útil tratar de hacer experiencias de alguna manera al azar, sin la engorrosa brújula de la ganancia personal. Hacer una cosa sólo por el hecho de hacerlo. Dice un famoso dicho: lo importante no es el destino, sino el viaje. Así que, desviemos nuestra atención del resultado y disfrutemos de lo que sucede mientras tanto. Dejemos nuestra realidad más libre para… que suceda.

Crecer psicológicamente

Actuar para ganar puede parecer inteligente, pero en realidad expresa el gran temor de no poder hacerlo por cuenta propia, de tener una gran escasez que no sabes y no sabes cómo llenar. Por esta razón, siempre tratamos de entrar en cosas ventajosas, como las reservas, para no encontrarnos desprevenidos. Se necesita urgentemente una buena psicoterapia, sin beneficios inmediatos.

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