Lágrimas: cómo vivirlas correctamente

A lo largo del camino de nuestras vidas a veces hemos caminado por el camino de las lágrimas. Senderos estrechos o anchos, según los casos, pero todos generalmente delimitados por los “pavimentos de la tristeza”. A veces quizás hemos intentado esconderlos bajo la sombra de la vergüenza. A veces, sin embargo, hemos permitido que estallen como un arroyo en una inundación. Sólo en este último caso esas lágrimas alimentaron el molino de nuestra conciencia. Nos ayudaron a hacer que los guijarros depositados por la corriente de desánimo resbalaran del corazón. Así que nos instaron a que miráramos en lo más profundo de nuestras almas – sin ningún esfuerzo. “Cualquier cosa que aplastes -recuerda Osho- que la represión afecta a una parte específica de tu cuerpo. Si te niegas a llorar, tus ojos pierden su brillo porque necesitan lágrimas. Si de vez en cuando lloras y te quejas, si realmente entras en la tristeza, si te conviertes en la tristeza misma y las lágrimas comienzan a brotar… tus ojos se limpian y encuentran su frescura, su brillo juvenil”.

Cuando los oigas venir, que se desplacen…
Así que si los dejamos libres, las lágrimas se convierten en “palabras” que el alma escribe en nuestro rostro. Tratemos de leerlos. Cada gota nos habla de la importancia de nuestros sentimientos, especialmente los más íntimos. Cada goteo nos muestra el camino para recuperar nuestro bienestar interior. Pero no vayamos a buscar el por qué. Ya no oiríamos la melodía que las lágrimas hacen resonar en lo más profundo de nuestro corazón: sólo oiríamos ruidos de fondo. No es casualidad que Hume nos inste a no investigar las causas de toda forma de amargura: “Cada caso doloroso nos alarma y nos empuja a buscar los principios que lo originaron: surgen preocupaciones sobre el futuro”. Y Nietzsche, a su vez, señala lo absurda que es la investigación de los pensamientos que suponemos responsables del llanto: “La causalidad se nos escapa; suponer que una conexión causal inmediata entre los pensamientos, como hace la lógica, es el resultado de la observación más grosera y simple”.

Hay lágrimas y lágrimas……
Otros filósofos nos advierten que el llanto no siempre tiene una función liberadora: cuando sale en un contexto emocional impregnado de ira, arrepentimiento y culpa. Es decir, cuando nos sentimos inmersos en un mar de infelicidad. Todas estas son circunstancias que congelan la energía de la que las lágrimas son portadoras. Smith sugiere cómo distanciarnos: “¿Estás en una situación adversa? No llores en la oscuridad de la soledad, no adaptes tu sufrimiento a la indulgente simpatía de tus amigos íntimos: vuelve lo antes posible a la luz del día, al mundo, a la sociedad. Vive con extraños, con aquellos que no saben nada de tu desgracia o que no se preocupan en absoluto por ella. Estas son palabras importantes : no obstaculicemos la preciosa tarea de las lágrimas para liberar el corazón. Sólo así podremos hacer del llanto una fuente efusiva de nuestra conciencia.

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