Las crisis de ira vienen si no eres tú mismo.

Elena, una lectora de Riza Psicosomatica, escribe: “Durante muchos años he vivido con ira explosiva que no podía manejar. Estos excesos se manifestaban cada vez que me sentía abandonado por amigos o novios, algo que ocurría con frecuencia. En esos momentos la ira era tan incontrolable que tiraba todo lo que me pasaba. Pensé que esta emoción mía estaba ligada al hecho de que nunca me había sentido amada por mis padres, pero esta explicación no me hizo sentir mejor. Después de leer varios libros y artículos sobre el tema, un día me encontré con un enfoque diferente a todos los demás, que me sugirió que dejara de luchar y tratara de acoger, de percibir bien este sentimiento dentro de mí. De esta manera empecé a comprender que este sentimiento, que intenté apagar durante años, estaba ahí para ayudarme a encontrar mi propia dimensión de crecimiento y desarrollo. Empecé a aceptar la ira sin querer mandarla lejos y así recuperé mi propio espacio vital. Me inscribí en un curso de pintura y cada vez que siento que la ira está a punto de “estallar” empiezo a pintar con mis colores brillantes: es increíble cómo este simple gesto me ayuda inmediatamente a sentirme mejor.

¿Emociones negativas? Son el motor de nuestra existencia

¿Cuántas veces hemos dicho o escuchado que no vamos bien, que tenemos defectos que borrar, un mal carácter que mejorar? Demasiados, demasiados. Es por eso que cuando ciertas emociones vienen a visitarnos, que consideramos negativas, nos asustamos y tratamos de expulsarlas de todas las maneras posibles como si fueran un veneno. Pero al hacerlo regresan como un bumerán, aún más inmanejable e impetuoso, como los arrebatos de ira que Elena nos dice. El hecho es que cuanto más nos aferramos a querer ser diferentes de quienes somos, más entramos en conflicto con nosotros mismos y con la verdadera naturaleza que vive allí . Exigimos que todo esté en su sitio, que todas nuestras reacciones sean moderadas y controladas. ¿Y si, por el contrario, estos elementos tan perturbadores fueran el motor de nuestra existencia? Contactar con ellos nos ayuda a sacar a relucir nuestra personalidad, que es única también gracias a ellos.

Un poco de ejercicio: sentir la emoción y expandirla… ¡para que no haga más daño!

Para aprender a ser más consciente de su enojo intente hacer este simple ejercicio. Busque una posición cómoda y cierre los ojos. Visualiza la razón que desencadenó tu enojo: la situación, la persona… Busca imágenes nítidas y deja que el enojo pase a través de ti libremente, sin ninguna resistencia. Luego, en vez de eso, enfoca tu atención en un proyecto que está cerca de tu corazón o en un deseo que te gustaría que se hiciera realidad. Ahora visualiza el enojo como si fuera un fuego que lentamente toma la forma que te gusta e imagina que te lleva a alcanzar tu tan codiciada meta.

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