Las diferencias refuerzan el par

Muchas personas piensan que dividen a la pareja, pero en realidad, si son bien explotadas, pueden mantenerla viva con el tiempo. Son gustos diferentes, a veces tan diferentes de una pareja a otra, que se preguntan a sí mismos: pero ¿tendrán al menos algo en común estos dos? Después de algún tiempo desde el comienzo de una historia, los compañeros comienzan a preguntarse, cayendo en la trampa de que, si no tienen gustos similares, tal vez no están hechos el uno para el otro. Así que empiezan a separar -aunque estén juntos- las dos existencias: pasan cada vez menos tiempo juntos, comparten cada vez menos porque uno no está interesado en “las cosas del otro”. Por supuesto, parece agradable poder compartir las mismas pasiones, cultivarlas juntos, encontrar un acuerdo inmediato sobre algo que comprar o sobre unas vacaciones que hacer, pero la experiencia diaria demuestra que rara vez la similitud de gustos mantiene a una pareja unida y la protege de una crisis. Por el contrario, la diversidad es ante todo una riqueza de la que no se es consciente. Si amamos a nuestra pareja, también nos fascina su misterio, ese no-saber que también involucra sus intereses; tal vez no estamos interesados en él, pero aún así los miramos con una mirada favorable, tal vez a una distancia adecuada. Lo que es peligroso para la pareja no es la diversidad de gustos, sino una rígida indisponibilidad, para la que ni siquiera se intenta, después de algunos tímidos intentos, conocerlos mejor. La diversidad no excluye la afinidad de investigar, descubrir y experimentar, que son adhesivos mucho más válidos para las parejas que la mera similitud. La diversidad puede abrir una dialéctica casi infinita entre ambos y hacerles descubrir, no sólo del otro sino también de sí mismos, lo que nunca habrían podido descubrir. Pero hay que querer: encontrar una forma atractiva de invitar a su pareja a su propio mundo, dejarse seducir por la supuesta extrañeza de sus intereses. Tres reglas que ayudan a la comprensión¿Es diferente de ti? No lo critiques por esto – Nunca critiques ni menosprecies los gustos y pasiones del otro: se desencadena un círculo de humillaciones y repeticiones que son absolutamente perjudiciales – No digas no a priori a una invitación de tu pareja al “mundo” de sus intereses: no será tuyo, sino que podrás acercarte a su misterio – No trates de complacerte con algo que realmente no te gusta: las ficciones se alejan. A veces, cuando los gustos son muy diferentes, los dos socios se ven reducidos a hacer sólo lo poco que les une, lo que “no les desagrada” a ambos, renunciando a los gustos y a los intereses personales. Invitarse mutuamente Es importante ayudarse mutuamente, tratar de dar al otro la “llave” para comprender mejor sus gustos e intereses: así, tal vez él se apasionará a su vez, o al menos encontrará la cosa bastante agradable y no completamente ajena.En muchos casos son los gustos de uno los que dominan, a veces para aplastar, los del otro: la elección de los muebles, una película en el cine, un lugar de vacaciones, a quién acudir. Los que sufren deben hacer todo lo posible para no sucumbir, porque la renuncia total a la autoexpresión, más aún frente a la realización del otro, lo cargará de ira y socavará a la pareja.

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