Las palabras correctas para decirse a sí mismo

Cada uno de nosotros es el escritor de nuestra vida: gracias a las palabras, el “escritor” que somos puede dar forma a una historia, pero hay que tener cuidado, porque dependiendo de quien elija su historia hará sus días más agradables o llenos de incomodidad. No es casualidad que en todas las tradiciones antiguas la palabra sea considerada creativa. Las palabras son como semillas y cada vez que hablas contigo mismo es como si las estuvieras plantando en el suelo de tu alma. ¡Cada tierra quiere sus propias plantas, así como cada alma quiere sus propias palabras! Si dices “ahora me siento mal”, porque observas la presencia de una emoción dentro de ti en ese momento, usa las palabras correctas. Pero cuando dices que se convierte en un hábito, “Siempre estoy enfermo, siempre he estado enfermo”, es como si estuvieras amplificando tu malestar, como si lo estuvieras cultivando dentro de ti mismo. Ningún estado interno perdura alternando diferentes emociones, mientras que si te fijas en una se convierte en una etiqueta que ya no te deja: “Yo soy el triste, aquí no encontrarás nada más”. Para entender si estás usando las palabras correctas, simplemente escúchate a ti mismo. Durante el día, presta atención a las frases que te dices a ti mismo: ¿son siempre las mismas, reflejan siempre la misma actitud hacia el mundo? Si siempre te dices las mismas cosas a ti mismo, significa que estás inmerso en una atmósfera mental estática.

A veces las palabras se vuelven pesadas… Platón, el gran filósofo griego, declaró que las palabras que decimos entre nosotros constituyen “el diálogo silencioso del alma consigo misma”. Hay dos tipos de diálogo: uno abierto, basado en expresiones auténticas y espontáneas que expresan las emociones que sientes, y el otro cerrado, que se basa en palabras repetitivas, siempre las mismas, dictadas por una forma estática de pensar de la que te has convertido en prisionero. Por ejemplo, si en una situación molesta en la que pudieras haber contestado, te quedas callado, pero luego pasas la siguiente media hora repensando: “He aquí, yo siempre me pongo los pies en la cabeza, no puedo hacerme contar, ¡debería haberte dicho cuatro! Este es el caso clásico del diálogo cerrado y repetitivo, condicionado por el pasado y la peor manera de hablar contigo mismo, porque no te permite enfrentarte a las situaciones de la mejor manera.

…Pero puedes hacerlos leer Si hay palabras que son tan pesadas como piedras para el alma, hay otras que son más ligeras, más fluidas, más auténticas, que te llevan en una nueva dirección. ¿Alguien te hizo enfermar? Acepta ese dolor repitiendo esta frase: “Vamos, no me resisto y no creo que sea yo quien se equivoca”. De esta manera lentamente el sufrimiento se desvanecerá y la agresividad que has reprimido dejará de atormentarte… En resumen, serás capaz de poner en marcha acciones que reflejen tu verdadera esencia y las palabras que uses serán una cura para tus malestares.

Habla como lo harías con un extraño – Intenta hablar contigo mismo como si fueras “otro”, sin dar peso a tu historia, tus experiencias o tus ideas.

– Pensar que un estado de ánimo (o una opinión, una idea) es estable lo hace permanente: evitarlo. Te sientes mal ahora, no siempre. De la misma manera, hoy lo piensas, mañana quién sabe…

– De vez en cuando intenta crear espacios de silencio interior: de ahí pueden “fluir” palabras más auténticas.

– Habla menos: fortalecerás tus palabras y harás que la comunicación sea más efectiva

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