Lástima: Así es como lo superas.

Intentaste acercarte a una persona que te gusta pero en vez de impresionarla hiciste la figura de la torpe: cinco minutos de vergüenza en los que ella o él te miraba como un extraterrestre. O: trataste de ser brillante en compañía, pero la broma estaba completamente fuera de lugar y la escarcha cayó. Los otros pretendían que eras transparente y tú también, en ese momento, querías hundirte. Es la clásica mala figura y la sensación que da es conocida por todos: vergüenza. Una persona segura de sí misma suele sonreírse a sí misma y se olvida de ello en pocos minutos. Pero para aquellos que conocen el significado de la palabra “desestimar” y se sienten siempre inseguros, la vergüenza es un compañero de vida desagradable.

No combatas la vergüenza, así que la haces crónica

El inseguro se siente avergonzado en muchas ocasiones: por ejemplo, cada vez que los amigos establecidos hablan de su trabajo, mientras que él, que puede no tener una carrera y no tiene éxito para jactarse, siente un verdadero terror de que alguien se dirija a él con un simple: “¿Cómo te va en la oficina? O el doloroso espesor que siente cada vez que recuerda un hecho del pasado que se ha convertido en un símbolo para él: el momento en que se le descubrió haciendo algo mal y fue humillado públicamente, o el momento en que, a causa de un movimiento torpe, hizo el ridículo delante de todo el mundo….. Atención, sin embargo: el dolor del alma siempre viene a realizar una función, tiene sentido. No hay necesidad de intentar hacerla desaparecer: se hace crónica. Acogerlo, percibirlo es siempre el primer paso. Porque, como todos los huéspedes, incluso el que parece tan inoportuno trae regalos preciosos. Descubrámoslos juntos.

Errores más comunes

La vergüenza es un sentimiento ardiente que no deja salida. Suele reaccionar desencadenando un trabajo mental loco que pretende borrar la sensación inicial, pero nunca se consigue. La mente sigue yendo hacia atrás y te causa el mismo dolor cada vez. Así que te dices a ti mismo que no es la primera vez, al contrario siempre termina así, te preguntas por qué no eres como los demás, qué te pasa, te desprecias a ti mismo, te gustaría desaparecer y al final estás tan abrumado que no te levantarías de donde estás. Al hacerlo, te enfrentas a la vergüenza con la herramienta equivocada, la mente racional, tratando de llegar al fondo de ello, pero no puedes hacerlo. El único resultado es fijarse en ideas dañinas como:

  • la idea de permanencia (“Siempre cometo los mismos errores”)
  • autoacusaciones (“Hay algo malo conmigo”)
  • juicios (“Soy un tonto”)
  • la idea de autocorrección (“Necesito mejorarme, necesito trabajar en mí mismo”)

Todas las cosas que no infunden confianza en sí mismas, al contrario, las derriban. La mente, por lo tanto, agrava el problema.

Las cosas que necesitas saber:

Para sentirse bien es necesario entender que los estados internos son eventos naturales que el alma produce para hacernos sentir bien, no para hacernos sufrir.

La vergüenza no es un castigo

El alma no nos envía castigos, sino mensajes. No llegó porque estabas equivocado, porque no estabas a la altura del modelo al que aspirabas, porque fallaste. No llegó para decirte: “No eres capaz de ser como quisieras”, sino para decirte: “¡Querer ser así no es tu manera! Shame quiere que dejes de emular un modelo (el seductor, el brillante, la persona siempre segura de sí misma), quiere que seas quien eres. El sentido del ridículo no es causado por un pequeño fracaso, por un error: más bien, viene de querer ser diferente de quien eres y no tener éxito, de jugar un papel que no es el tuyo. El error que cometiste no es quien crees que eres: no estuvo mal, sino querer parecer un modelo equivocado.

Tan pronto como lo entiendes y dejas de intentar imitar torpemente un modelo externo, la vergüenza ya no tiene ninguna razón para aparecer. Puedes hacer cosas buenas o malas, mejores o peores, pero si las haces porque algo desde dentro te empuja, y no porque algo desde fuera te arrastre, cada error se convierte en un paso necesario para ser consciente de ello. La vergüenza viene en cambio cuando te vendes a ti mismo para aplaudir, para sentirte “bien” según un modelo al que intentas parecerte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *