Lejos de la depresión si no la escondes

Negar la depresión, un gran error!

“La depresión llega a quienes pueden permitírsela. Es la frase con la que muchas personas, hasta hace 20-30 años, trivializaban el sufrimiento psicológico: veían en la depresión una especie de lujo, de privilegio, que se podía conceder a los que tenían tanto dinero y luego no tenían que cortar todos los días por el pan, que sabían que podían apoyarse en los demás y delegar en ellos las tareas más gravosas, y a los que no tenían ninguna preocupación particular y luego creaban “patricias” porque no tenían la cabeza comprometida. Es una visión antigua y anticuada, hija de una cultura que luchaba por reconocer en la angustia psíquica como un hecho concreto. Pero incluso si desde entonces se han dado grandes pasos para informar acerca de lo que realmente es la depresión y ahora hay mucha más conciencia, esta visión no sólo no ha desaparecido sino que continúa haciendo daño.

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Vivir la crisis como un recurso

Todavía hay un marido que le dice a su mujer: “No entiendo por qué tienes depresión: ¡tienes todo lo que quieres! Todavía está el padre que le dice a su hijo: “Si te detienes ahora, significa que no tienes columna vertebral”. Hay un amigo que le dice al otro: “Piensa en los que están peor, en los que no tienen comida, en los que están realmente peor”. Algunas personas piensan que caer en la depresión es lo mismo que “no tener los atributos”. Es una mentalidad que muchas personas también se aplican a sí mismas. Hay muchos que dicen, entre ellos: “Me gustaría parar pero no puedo permitírmelo, me siento mal pero un hombre de verdad nunca se rinde, si me muestro deprimido seré considerado un fracaso, una primavera”.

Ahora bien, mientras que, por un lado, a menudo es necesario reaccionar con fuerza ante determinadas situaciones de la vida, por otro, es precisamente esto lo que impide vivir momentos de crisis que alimentan la propagación de la propia depresión. Hay que destacar que la depresión, por desagradable y sufrida que sea, es ante todo un recurso del cerebro, que a través de ella nos ofrece un espacio para el descanso, la reflexión, el replanteamiento y la transformación que nosotros, abrumados por el estrés cotidiano, hemos sido incapaces de darnos a nosotros mismos.

Qué hacer: informar, cuidar, no quejarse

  • Infórmate más
    No confíes en los rumores y los prejuicios. La depresión no es una invención, sino un trastorno real, universalmente reconocido, con síntomas y características precisas. Conocerlos puede ser fundamental para no descuidar o trivializar la propia crisis o la de los que nos rodean.
  • Se comunica mejor
    Si usted experimenta una enfermedad mental como la depresión (melancolía, tonterías, apatía) no resista en silencio a los dientes apretados. Sentirse con derecho a expresarse y pedir ayuda: “Estoy enfermo, quiero curarme”. Recuerde que los que trivializan la depresión lo hacen porque en realidad le tienen miedo.
  • Tratarse sin interferencias
    No esperes el reconocimiento o la misericordia de los demás. La depresión no es visible como, por ejemplo, una pierna rota, pero es igual de concreta. Por lo tanto, es legítimo tratarla sin tener que escuchar la ironía, la intolerancia o la crítica de los que viven al lado. Tire derecho para su forma de curación, no pierda el tiempo.

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