Lejos de los sueños de los demás

El verdadero sueño en el cajón es una especie de voz que te llama: de repente, quizás sin siquiera haberlo pensado antes, te das cuenta de que tu camino es ese. Algo que no sabes te llama y tienes que ir en esa dirección, es más fuerte que tú. Estos sueños son fácilmente reconocibles: no son muy elaborados, no contienen una receta hecha de etapas ya preestablecidas, no te hacen pensar constantemente en la preparación, no son un consuelo que utilizas en tiempos de crisis: son un fuego, pequeño o grande, que sientes en tu interior y que, cada vez que te lo permites, te hace sentir bien. No sabes de dónde viene, no lo diseñaste, ¡sólo viene! Y cuidado: no será bello sólo “un día”, ya es bello ahora; mientras que todavía está formándose te hace hacer cosas que te hacen feliz. Pero también está el caso, menos afortunado, en el que la voz que te llama y te dice lo que tienes que hacer no se hace de esta manera. En resumen, a veces no se encuentra el sueño en el cajón, pero se lo pone de manera artificial, tal vez sin darse cuenta.

No persigas quimeras Este tipo de sueños en el cajón en realidad vienen de fuera: son sueños adquiridos, comprados en el supermercado de clichés, sueños estándar que surgen de modelos externos que absorbes, de modas pasajeras, de formas comunes de pensar, de los deseos de los demás: conviértetete en un buen abogado al igual que tu padre; ten una familia feliz de los que sólo existen en la televisión; vive un amor romántico por los que lees en los libros. Esta fantasía adquirida se convierte en algo muy concreto, en un proyecto de la vida real que te compromete a existir con muchos plazos fijos: un sueño a los seis meses, uno a los dos años, uno a los diez años? El problema con estos sueños es que no son tuyos: ¡es como si uno soñara con volver a casa y en vez de que el propio termine en el de otro! Incluso si te das cuenta, con mucho esfuerzo, cuando alcanzas tu meta te sientes vacío, no sientes lo que pensabas que sentirías. ¿Dónde está la felicidad absoluta por la que tanto luchaste y sufriste? Así que, para no sentir desilusión y vacío, comienza de nuevo inmediatamente con otro sueño y termina saltando de un proyecto a otro pensando que será el próximo para que te sientas realizado. Jiddu Krishnamurti, el gran pensador indio, dijo: todo lo que sabes, porque ya lo sabes, pertenece al pasado, es algo que ya está muerto. Sólo lo desconocido está vivo. Así que un sueño programado de antemano pertenece al pasado y no al futuro! No te abre a lo nuevo y al cambio en absoluto, pero te hace vivir algo que ya está consumido en tu mente. Los sueños verdaderos son aquellos que surgen de tu alma, que emergen solos y te llaman en el momento adecuado . Estos sueños se hacen realidad puntualmente y te hacen sentir bien, porque su propósito no es hacerte alcanzar una meta, sino hacerte feliz día tras día.

Los sueños correctos te sorprenden, te reflejan y nunca piden lo imposible Hay sueños en el cajón que son perfectos para ti; no sabes de dónde vienen, llegan a un cierto punto y te convencen sin haberlos programado o elegido. Por el contrario, a menudo son capaces de sorprenderte, revelando de repente “tus” dones, habilidades, actitudes y pasiones que no sospechabas tener y moviendo tu vida de forma espontánea y natural en otras direcciones. Son como una floración: llega sin esfuerzo cuando es primavera, porque esa semilla ya estaba allí y sólo esperaba el momento oportuno. La señal para reconocerlos es justamente eso: no hay que luchar y casi se hacen realidad por sí mismos. Por supuesto, la realidad siempre requiere compromiso y no todos son rosas y flores, pero es muy diferente hacer lo que viene espontáneamente o esforzarse por alcanzar una meta que no te concierne….

Si no son realmente “tuyos” te llevan al lado equivocado Hay sueños adquiridos, copiados de las aportaciones del mundo exterior: padres, amigos, medio ambiente, sociedad. Estos sueños imponen largos y agotadores caminos de vida que no reflejan realmente quién eres y por lo tanto requieren grandes esfuerzos mentales y sacrificios, con el resultado de que la felicidad siempre se pospone para el futuro. Te agotan antes de que se den cuenta y sólo te alejan de ti mismo. Pero aunque no te des cuenta, si los mantienes allí y los usas sólo como consuelo para acariciar en tiempos difíciles, no te hacen ningún bien porque obligan a la mente a proponer siempre los mismos pensamientos, a menudo quejas y recriminaciones: “Ah, si hubieras estado….”. Ah, si hubiera…”. Un camino que hace crónica la insatisfacción.

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