Los ataques de pánico hacen que te desplomes para volver a ponerte de pie.

En la vida de todos es importante tener algunos puntos fijos a los que referirnos; sin embargo, cuando estos “anclajes” se transforman en restricciones demasiado rígidas, o cuando somos tercos en la lucha contra los estados de ánimo que vienen a visitarnos, perder es nuestra energía vital, que está bloqueada. El ataque de pánico llega precisamente para permitir que los nuestros vuelvan a fluir libremente. Este artículo presenta las historias de dos mujeres que, por diferentes razones, han sido víctimas de ataques de pánico durante mucho tiempo, pero que han logrado derrotarlas.

Pánico, una pesadilla diaria

Raffaella llega a la psicoterapia sufriendo una incomodidad que la ha acosado durante unos meses. Todas las noches, al regresar del trabajo, siente una profunda angustia: su corazón late con furia, le falta la respiración y estalla en un grito incontrolable: es pánico . Raffaella trabaja en una gran empresa y este trabajo constituye toda su vida; incluso su actual pareja es gerente de esa empresa. La relación tiene un profundo impacto en el clima laboral, ya que Raffaella tiene miedo constantemente de ser juzgada como la que tiene una carrera porque está con su jefe. Este miedo también la hace sentir mal por su feminidad, que enjaula detrás de una apariencia resignada y ropa castigada.

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El verdadero significado del pánico

Al actuar de esta manera, Raffaella acabó sacrificando el eros, la energía fundamental para evolucionar; la incomodidad, entonces, intervino para permitirle redescubrirlo. ¿Pero por qué precisamente en forma de ataques de pánico? Pan, la palabra griega de la que proviene el término pánico, era el dios que, para los antiguos griegos, representaba el instinto vital que habita en cada uno de nosotros, aterrador sobre todo porque procede de los cánones y esquemas preestablecidos. Cuando conocí a Pan, Raphael abrió una grieta en la armadura en la que se había cerrado y me dio la oportunidad de vivir aquellas partes de sí misma que estaba descuidando.

Durante un ataque de pánico trate de percibir

Para aprovechar esta oportunidad , el terapeuta sugiere a Raffaella que dé la bienvenida al pánico en los momentos en que se presenta, sin intentar resistirse. Una noche durante un ataque, siguiendo este consejo, Raffaella percibe la ola de calor, imagina un sol en su pecho que la calienta e irradia energía positiva, mientras sus pies descansan sobre una nube. El terapeuta invita a Raffaella a desarrollar esta imagen en forma de cuento de hadas. Así surge la figura de un gitano libre, independiente, sensual, que sabe disfrutar de los placeres del cuerpo y de la vida sin miedo a los juicios de los demás. Día tras día, la gitana comienza a acompañarla incluso en la vida real: sandalias y ropa de colores reemplazan a tacones y trajes austeros. Poco a poco, Raffaella está aprendiendo a vivir dejándose guiar por la gitana que hay en ella y comenzando de nuevo por la noche a realizar aquellas actividades que de niña le gustaban tanto pero que había abandonado a lo largo de los años. Los ataques de pánico se han reducido e incluso en el trabajo Raffaella ha madurado una mayor seguridad, abandonando los continuos juicios sobre sí mismo.

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Si los ataques de pánico duran años, los hace eternos

La segunda historia la cuenta Lucrecia: “Mi vida ha cambiado como resultado de ataques de pánico . Tuve los primeros hace ocho años, luego otros, hasta hace unos días. Me marcaron profundamente; traté por todos los medios de ser más fuerte, de resistir, pero fue inútil. Riza psicosomática afirma que tengo que aceptar el pánico, no lo combatas, pero no lo entiendo. ¿Qué significa eso?”

Lucrezia no ha interpretado correctamente la sugerencia que la Escuela de Psicoterapia del Instituto Riza da a quien sufre de esta incomodidad. Aceptar los ataques de pánico es como decir: “Sucede una desgracia, tengo que conservarla”. No se trata de aceptar, sino de acoger. Lucrezia dice: “He intentado por todos los medios ser más fuerte. Pero el pánico viene a hacernos más débiles, viene porque somos demasiado fuertes, demasiado tercos! ¿El pánico me hace colapsar? Miro mi colapso sin querer cambiarlo. Esto es lo único que hay que entender: lo que viene de dentro, del alma, es siempre lo mejor. Lo que produce la mente, que es externa, superficial, es siempre lo peor. La pregunta correcta es: “Yo, ¿dónde estoy mirando? ¿Qué dirección ha tomado mi vida? que Lucrecia quiere que yo sepa sobre el pánico?” Es lo opuesto: “No quiero pánico, ¿cómo me deshago de él?”

Observando el pánico, sin comentarios

Para observar los ataques de pánico, sólo hace falta una cosa: estar presente, en silencio, en lo que sucede, cuando sucede. Tienes que ver lo que sentimos sin decirnos nada el uno al otro. Es muy diferente decir: “Tengo que cambiar las cosas, tengo que hacer un esfuerzo para mejorarlas”, o decir: “Miro lo que pasa, en silencio”. No tienes que entender el problema, ni resolverlo, sino observarlo. ¿Por cuánto tiempo? Es imposible decirlo a priori, pero si miro el miedo que viene, la tristeza, el pánico con la intensidad adecuada, todas estas molestias desaparecen por sí solas, en el momento exacto en que se agota su función. ¿Cuál es su función? Llevarte a casa, devolverte tu vida, tu singularidad. Nada más. Eso es lo que los niños pequeños pueden hacer maravillosamente: cuando juegan, juegan. Cuando tienen que correr, corren. Cuando tienen que reír, se ríen. Cuando lloran, lloran. El llanto dura un minuto. No dura ocho años, como nosotros: “Aquella vez que estuve enfermo, hace ocho años, desde entonces he estado marcado”. Necesitamos cambiar a su percepción, no a su eliminación.

El pánico se desvanece con la imaginación

Esto es lo que se hace en la psicoterapia psicosomática, comenzando a mirar la incomodidad juntos de una manera silenciosa, y luego ver en el pánico algo que nos pertenece. Así es: el pánico se convierte en un recurso, no en un monstruo a combatir. Contiene imágenes que no parecen ser vistas, y que vienen a destruir la idea que Lucrecia ha hecho de sí misma: quién es, cómo debe ser, cómo hay que comportarse para ser perfecta. Destruye el control, la más peligrosa de las ilusiones de la OI. Siguiendo esta lógica, el psicoterapeuta sugiere una técnica imaginativa a Lucrecia. “Cierra los ojos. Trata de imaginar que no existes, que estás en la nada. Ahora, trata de entrar en pánico. Búscalo en un punto de tu cuerpo donde pueda comenzar. Ahora, pon tu mano derecha sobre él, suavemente. Imagina que a partir de ahí el pánico comienza a elevarse. Deja que suba. Ahora, a medida que el pánico se eleva, tienes que llegar a la dulce sensación de sentirte sofocado. Déjate sofocar suavemente y mientras estás en este estado imagina, imagina una planta que te guste, con la que te sientas cómodo. Ahí está el olor. Hay flores. Huélelo. Y deja que el pánico se despliegue dentro de ti. Ahora imagina ese vestido que te pusiste hace mucho tiempo y que te gustaba volverte loco. Ahora estás ahí, el vestido, la planta y el pánico que sube suavemente dentro de ti. Llevas maquillaje como si estuvieras conociendo a un amante. Siente el olor. Ahora el pánico puede desaparecer, puedes dejarlo ir…”

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