Los defectos son tu arma secreta.

Sin darnos cuenta, a menudo no hacemos lo que nos gustaría, sino lo que exige el entorno en el que vivimos. Pertenecer a un grupo (familia, compañeros, compañía de amigos…) nos uniformiza: sólo seguimos lo que parece positivo a los ojos de los demás, desechando como “defecto” cualquier elemento de nuestro carácter que parezca inusual, extraño o inútil. Pero lo que parece superfluo desde el punto de vista estándar es fundamental desde otro punto de vista. Es como un cuadro: si lo miras de lado, sólo ves el borde del marco, pero de frente ves el dibujo y los colores.

Los defectos te hacen único

Quien vive sólo para ser aceptado por los demás es una persona frágil. Nuestro propósito como seres humanos no es encontrar “estacionamiento” en el mundo. Y son precisamente las anomalías que usted llama defectos las que le garantizan contra un exceso de normalidad que le hace sumiso y triste . No es necesario que modifiques tus faltas, sino que las cuides señalándolas en la dirección que te indiquen. Una cólera repentina, un miedo infundado e irracional, un deseo incontrolable, una manía singular: si parecen “excesivos”, es porque son la expresión auténtica de energías incontrolables. Este es el lenguaje con el que las fuerzas que viven allí nos hablan y nos hacen seres especiales.

Sin defectos se vuelve anónimo

La palabra carácter proviene del verbo griego “charasso” que significa “imprimir, grabar, esculpir” e indica el signo o marca por la que se distingue una cosa de la otra. Sin tu carácter, serías igual que los demás. Así que no pienses en mejorar y sobre todo no hagas comparaciones! Si vas a la guerra contigo mismo, sólo puedes perder, porque después de todo siempre estás en ambos lados del campo de batalla.

Úselos como brújula y guíese

“No puedo. Soy débil.” “¡No puedo contenerme, me quemé!” Cuando te sientes incapaz de hacer algo que el mundo exterior considera esencial, la actitud que te salva es la suavidad. Identifica tu lado supuestamente débil y deja que te guíe. “Aquí estoy débil, aquí estoy enojado, aquí estoy tímido, aquí estoy, dime qué quieres que haga”. Si no lo combate, el defecto no sólo le impide hacer cosas, sino que apunta a otras acciones. Es una auténtica voz interna: te guía, te revela lo que hace o no hace por ti, a donde debes o no debes ir. Tal vez te detenga hoy, pero ciertamente te mostrará tu verdadero camino mañana.

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