Los malos recuerdos ya no asustan.

¿Cuál es la función de los malos recuerdos?

Esta es una noticia de hace poco: algunos investigadores en los Estados Unidos están experimentando con moléculas que pueden eliminar selectivamente las malas memorias . Experiencias traumáticas del pasado, luto, violencia sufrida: tal vez un día, dicen, podamos borrarlas con una píldora. Sin embargo, nadie pregunta: ¿qué función realizan estas memorias ? ¿Por qué el cerebro no los elimina espontáneamente, como lo hace con los miles de momentos de nuestros días de los que no guardamos ningún rastro? ¿Qué función evolutiva puede haber para nosotros para mantener estos mismos recuerdos desagradables ? Por eso vuelven los malos recuerdos
El cerebro no hace nada por accidente, mucho menos por accidente. Siempre es él quien decide qué conservar y qué eliminar, qué formar parte de nuestra personalidad o qué cortar porque es dañino. Esto significa que si algo resiste la continua esponja de memoria del cerebro, que constantemente nos purifica de memorias inútiles , ese algo es importante. No tenemos que decirlo literalmente: el mal recuerdo no vuelve a fijarnos en ese hecho del pasado y nos repite todo el tiempo: “Mira qué mala suerte has tenido, ya no serás el mismo de antes”. Así es como lo interpretamos, porque nos hemos identificado con la idea de una vida ya marcada en la que nada puede cambiar. Pero la vida nunca vuelve a “la vida del pasado”, todo en nosotros cambia incesantemente. Los malos recuerdos son alimento para nuestras raíces
Los malos recuerdos son, de hecho, mensajes importantes que nos proporcionan una experiencia pasada para transformarnos, para hacer nuestras raíces más profundas y fuertes, para aumentar nuestra conciencia. Pueden convertirse en alimento para el alma, siempre y cuando nos acerquemos a ellos con la actitud correcta. La técnica que convierte los malos recuerdos en un cuento de hadas
– Cuando llegan los malos recuerdos normalmente intentamos “no mirarlos”, para desviar la atención. Pero entonces la memoria volverá aún más fuerte.
– En su lugar, tratemos de considerar los malos recuerdos como mensajeros. Nos están diciendo algo y nos corresponde a nosotros interpretarlo. Para ello, usemos la imaginación: en un momento de calma, a solas, volvamos a esa memoria, la evocamos en nuestra mente, percibamos por unos instantes todas las sensaciones que nos causa sin juzgarlas bellas o feas. Vamos a sentirlos. Entonces, sin esfuerzo, deja que la memoria se convierta en una historia en la mente, una historia hecha de imágenes y palabras. Tratemos de inventar un personaje, por ejemplo una niña o un niño, o un personaje de cuento de hadas, que esté viviendo ese evento. Imaginémoslo bien: cómo va vestido, qué dice…. Así que imaginemos que tiene que pasar por algunas vicisitudes, que se desarrollan a partir del suceso que desencadenó la mala memoria, que conoce a otros personajes y que tiene que realizar algunas hazañas, para luego llegar a un final feliz. Vamos a perdernos un poco en estas fantasías. Cuando queremos, ponemos fin a la experiencia y volvemos a las ocupaciones normales. Intentamos rehacer el ejercicio al menos una vez al día, cuando los malos recuerdos vuelven a visitarnos.
– A través de este ejercicio, sumergimos el cerebro en el ambiente de la imagen y en los cuentos de hadas. El aspecto “literal” de los hechos se desvanecerá gradualmente, permitiendo que surja un significado simbólico más amplio, que indicará el lugar que ocupa la memoria en nuestra interioridad, enriqueciéndola. La historia que imaginamos, de maneras misteriosas, contará algo sobre nosotros, dándonos con el tiempo más conciencia y serenidad hacia nosotros mismos y hacia nuestro pasado y alejando los sufrimientos que esos recuerdos desataron.

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