Los secretos de una comunicación eficaz

Hablar es una facultad típicamente humana, pero eso no significa que siempre sea fácil ser capaz de comunicarnos como quisiéramos. Hacer nuestro estilo de comunicación más fluido y por lo tanto el lenguaje es más simple de lo que piensas: en este sentido proponemos un pequeño ejercicio mental, un camino en siete puntos para encontrar la conciencia y la atención necesarias para hacer que nuestras palabras sean realmente las correctas.

Mírate bien

Observar la propia comunicación significa centrarse en uno mismo y no en el otro. Es un verdadero “cambio” del exterior al interior, que nos pone en una posición que es a la vez presencia extraña y consciente: observar y estar presentes a nosotros mismos y a los demás, suspendiendo todo juicio.

Escuchar sin hablar

Entramos en la dimensión de la escucha total, sin ficción ni distorsión, que surge del silencio y que nos pone en contacto con la dimensión más íntima de nuestra interioridad. Silenciemos el flujo continuo de pensamientos y palabras que se persiguen en nuestras cabezas y escuchemos el sonido del silencio: entre las pausas del discurso buscamos en nuestros cuerpos el punto más sensible al silencio.

Encuentra el punto de silencio

¿Dónde sentimos el silencio? ¿Lo sentimos en la frente? ¿O en el pecho? ¿O en el vientre? ¿Es un silencio lleno de pensamientos, de llanto moderado o de risas? Vamos a vaciar nuestras mentes: no más creencias, pensamientos o ideas, no más juicios. Sólo la presencia en silencio: la propia y la de los demás.

Buscando el espacio inviolable

En el silencio custodiamos nuestra joya más preciosa, la que yace en el fondo de nuestro Ser, de la cual, como dijo el gran filósofo Martin Heidegger, nace nuestra palabra más auténtica. Allí, donde “nada igual duerme en el fondo”, encontramos nuestro espacio inviolable.

El sonido emergerá del silencio

“El sonido viene del espacio interior: los que no conocen la realidad del silencio, de los sin sonido, los que no se sumergen en el silencio, nunca entenderán cómo el sonido, la palabra, viene de allí. Estas palabras de Vimala Thakar nos recuerdan que sólo el silencio nutre nuestras palabras y las hace capaces de “tocar el corazón” de nuestros interlocutores.

Sentir donde vibra el sonido

Escuchando el silencio, más que mis propias palabras y las palabras del otro, lo que oiré serán los sonidos. Y oiré que los sonidos se localizarán en un punto del cuerpo. Puedo escuchar el eco de los sonidos antes de tratar de entender lo que significan las palabras. Entonces en un instante puedo pasar de reír a llorar. Como un niño, que puede reír y llorar juntos…

Habla como nunca lo hiciste

Sólo regresando a mi lugar inviolable y escuchando el silencio que preserva el origen de la vibración pura, la que va directamente a la meta, sin distorsión, puedo desmaterializar las palabras que están fijadas en mí. Palabras que parecían valer para siempre, aquellas para las que ya sé cómo son y cómo eres, lo que te diré y lo que me dirás. Entonces puedo hablar de cosas de las que nunca he hablado, porque activo mis recursos internos: no aprendo más desde fuera, sino desde dentro de mí….

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