Mirar es bueno para el alma

Ver y mirar son dos verbos comúnmente considerados sinónimos, mientras que en realidad contienen significados muy diferentes: ver implica una observación pasiva, percibir la realidad a través del uso de la vista; mirar implica en cambio estar en la acción que se está realizando, de manera activa. Nuestra Alma, entendida en el sentido junguiano, necesita “mirar” porque se alimenta de imágenes y, sobre todo, de las sensaciones que éstas provocan en nosotros. Mirar significa ser tomado, fascinado, nos olvidamos de nuestro pequeño IO, producimos el “vacío” que favorece una gran cercanía con lo que miramos; este “vacío”, este “olvido de nosotros” es alimento y cuidado del Alma, es para finalmente liberarnos de lo que -ansiedades, rabia, depresiones- nos envuelve y nos sostiene. Incluso las emociones dolorosas que nos hacen sufrir quieren ser miradas : la única manera de superarlas es mirándolas, porque estas emociones no toleran ser olvidadas, reprimidas o disminuidas. Mirarlas con interés, sin aversión, sin simpatía; en definitiva, cuidarlas.

Aprende a mirar y verás la puesta de sol de las dificultades

Por lo tanto, mirar es un gran recurso que todos poseemos, pero debemos aprender a hacerlo bien, porque todos estamos acostumbrados a ver pero rara vez a mirar. ¿Cómo lo haces tú? Simple: nos detenemos, rompemos por un momento las operaciones cotidianas que caracterizan la vida de todos. Entonces, notas tu cuerpo, escuchas tu peso sobre tus pies, notas la sensación de calor o frío: te escuchas a ti mismo. Imaginemos a un pescador: mira y escudriña el agua, toda su atención se dirige a la carroza, concentrada en cada temblor; todo ello con la caña de pescar, con el agua, con la brisa; o imagínese encontrar, caminando por un sendero, una piedra particular que brilla: lo tomas, lo fijas con curiosidad, sientes la aspereza, pequeños cristales de cuarzo que crecen sobre la piedra que aprisiona la luz del sol…. Todo puede ser observado y animado por la mirada, en este simple intercambio encuentras paz, un momento de serenidad en el que el ego deja de lado y con él muchas reivindicaciones infundadas o poder inútil, control o emociones de tristeza, dolor mental..

Si te haces a un lado, el bienestar viene por sí solo

Lo importante es retraerse un poco y mirar: esta simple indicación también refleja la enseñanza del Budismo Zen que pretende crear vacío e identificación entre el que observa y lo que se observa hasta que es uno. Si este es un objetivo difícil de alcanzar, mirar aquí puede ser un ejercicio diario, un bálsamo para el Alma, un alivio del dolor. El que realmente se ve es como si estuviera teniendo un sueño y luego despertando. Esto también significa empezar a abandonar lo que nos oprime: poco a poco la primavera se va extendiendo, a veces sucede que sin darnos cuenta nos deshacemos de un peso. ¿Cuándo y dónde lo pusimos? La respuesta no importa, porque en realidad no había preguntas ni respuestas, sólo había algo para mirar, una flor, un animal, un rostro o una pintura, una estatua como una arruga. Mirar es estar fascinado, ceder, callar, dar cabida a algo que siempre ha existido dentro de nosotros mismos: la paz interior

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