Mirar hacia atrás hace que el dolor sea crónico

María nos escribe: “Llevo casi veinte años atormentándome, repitiendo la misma historia: me casé con el hombre equivocado, dejando escapar al correcto. ¿Por qué no me casé con Luca? Era perfecto: un caballero, romántico, sensible, en definitiva, un hombre de otro tiempo. Mi marido Antonio, en cambio, es estrecho y materialista: no tenemos nada en común. ¡Pero ahora he tomado la decisión equivocada y no puedo volver! Y como si hubiera perdido el tren, a mi edad ya no pasan.

No tiene sentido volver atrás

Como tantos otros, María vive con pesar y tristeza porque se imagina que ha perdido la oportunidad de su vida. Se repite que ha fracasado, que su vida está marcada para siempre. Si nos fijamos en la idea de que la causa de nuestro sufrimiento se sitúa en el pasado, excluimos la posibilidad de cambiar y explorar nuevas alternativas . Si el error está en el pasado, significa que ahora es inalcanzable e inmutable, entonces se transforma en un destino. En realidad algo nuevo sucede cada día, pero no lo vemos, porque vivimos congelados en el pasado. Numerosas oportunidades pasan bajo nuestras narices, pero hemos dado marcha atrás. Un día, sin embargo, durante un viaje de negocios, Maira conoce a Luca por casualidad, a quien no había visto en años. Están solos en una ciudad lejana: él la corteja y salen juntos. Este es el hombre que debería haberse convertido en su marido. Pero qué gran decepción: ¡no es en absoluto la persona que recordaba! ¿Dónde está el fin de la poesía y el romance? Parece que no quiere nada más que aprovechar la situación para llevarla a la cama! María lo ve por primera vez como un hombre vacío y egoísta. “¿Cómo es posible que haya cambiado tanto? Era mejor no conocerlo, ahora ni siquiera tengo un sueño del que arrepentirme.

Sin arrepentimientos, son lastre.

¿Inventar un pasado de conveniencia?

¿Cuántas veces cultivamos recuerdos completamente falsos? Nos refugiamos en el pasado idealizándolo: lo transformamos en una guarida mental de la que no queremos salir por miedo al sufrimiento. Pero, ¿cómo podemos vivir bien en una guarida? María había construido un muro de ilusiones tras el cual se había atrincherado durante casi toda una vida. Pero no es la única. Serena, por ejemplo, es una mujer de cuarenta años en permanente lucha con su cuerpo y su feminidad. Sufre de dismorfofobia: no le gusta y cuando se mira en el espejo sus pequeños defectos le parecen verdaderas malformaciones. En su opinión, todo se remonta a cuando Gabriele, su novio de la escuela secundaria, la dejó para involucrarse con su compañero de escritorio. Para ella, fue una verdadera mamada. Desde entonces se ha convencido de que no está a la altura de ningún hombre. Así que colecciona una serie de historias equivocadas: no se siente amada y nunca se deja llevar a cabo.

Libérate de los traumas del pasado

Nosotros “recreamos” las mismas situaciones

Mirar hacia atrás nos bloquea en una situación de impasse mental, que además tiene el poder de recrear las mismas situaciones negativas ya vividas. Los problemas pertenecen a nuestro mundo interior: si tomamos nota de que todo depende únicamente de nosotros y no de los demás, podemos acceder a los recursos que allí viven. Cuando parecemos repetir las mismas experiencias significa que, sin darnos cuenta, estamos interpretando el mismo script y es hora de convertir pagin a. Después de un nuevo abandono, Serena decide tomar un camino de psicoterapia, y se entera de que su obstinación por un pasado que la habría marcado no era más que una resistencia a crecer y convertirse en mujer. Cuando lo entiende, recupera poco a poco una relación diferente consigo misma, dejando atrás un ideal de perfección que no existe. Y por último, el disco que había tocado comienza de nuevo por arte de magia haciéndola conocer a una persona a la que amar….

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