No conviertas tus miedos en coartadas.

Esto es lo que le sucede a Alfredo, de 21 años, que escribe a Riza Psicosomática para encontrar consuelo en sus ansiedades: “¿Quién soy yo? ¿Qué estoy haciendo en esta Tierra? ¿Cuál es el sentido de la vida si vamos a morir?” Alfredo nos cuenta que empezó a hacerse preguntas similares de la nada, después de haber recibido una decepción de una chica, aunque no fuera una historia muy importante. En los meses siguientes, encontró algo de serenidad, pero aún así se sentía perturbado por el pensamiento del “después”: “¿Qué hay después de la muerte? Tengo un poco de miedo de que todo se acabe, de que yo ya no exista y también mis seres queridos, mis amigos, etc….”. En este sentido, hay dos aspectos a tener en cuenta: en primer lugar, el hecho de que nadie sea capaz de dar respuesta a estas preguntas y, por lo tanto, enfadarse por ello corre el riesgo de ser más infructuoso que cualquier otra cosa; en segundo lugar, se trata de preguntas típicamente adolescentes y el hecho de que Alfredo acaba de superar esta etapa de desarrollo parece confirmarlo y, sin embargo, en pocas palabras, algunos detalles traicionan el miedo a saltar y disfrutar de las manos llenas de su juventud.

Las decepciones son ocasiones para aprender de

En su correo electrónico, Alfredo dice que siente el peso de otro aspecto que considera inexplicable y frustrante: “No he tenido mucha suerte con el otro sexo últimamente, aunque me he sentido confiado en el éxito. Desde entonces, cuando interrumpí mi relación con mi primera y hasta ahora única novia, no he tenido relaciones serias y estables. Pero lo que más me preocupa es que sigo siendo virgen. Alfredo continúa diciendo que es considerado por todos como un chico guapo, simpático y capaz, en definitiva, uno que sabe cómo hacerlo y, por lo tanto, lucha por explicar las recientes decepciones, la dificultad de “acabar” desde el punto de vista sexual y encontrar a la persona adecuada con la que finalmente iniciar una relación estable.

Menos pensamientos, más instinto y la vida reanuda el vuelo

Estas concomitancias, de alguna manera, deben haber invalidado certezas y bravuconadas típicas de la juventud temprana, llevándolo a dudar de su propio valor. Y así, ante la inseguridad, más que actuar y arriesgarse a un nuevo revés, Alfredo optó por refugiarse en los laberintos de la mente, confiando al pensamiento racional la tarea de aliviarla de las labores de la vida, en las que la participación de primera mano es imperativa. Probablemente es un mecanismo inconsciente, hasta el punto de que él mismo se arrepiente del tiempo en que tales pensamientos ni siquiera lo tocaron, sin poder captar las razones y el significado. Alfredo no tiene “escape”: lo único que tiene que hacer es intentarlo de nuevo. En definitiva, empezar a vivir de nuevo, siguiendo su instinto más que su razón y dejando de lado las cuestiones universales que pueden convertirse en una trampa y empujarlo a la inmovilización. Un último consejo para Alfredo: la “chica adecuada” no es nunca la que nos imagina a priori, sino la que más que los demás enciende nuestros sentidos y nos hace latir el corazón. Sin demasiados pensamientos, él también vendrá por él….

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