¿No sabes lo que quieres? Buena señal

La redacción de Riza recibe a menudo cartas similares a las siguientes: “En este período de mi vida tengo un gran problema: no sé lo que quiero y no tengo una meta fija que perseguir. Estoy indeciso y parece que no sé cuáles son mis verdaderas aspiraciones, ¿qué tengo que hacer para salir de esta situación? En realidad, hay que invertir el punto de vista habitual: lo incorrecto en estos casos no es la incertidumbre, sino juzgar negativamente las inseguridades que manifestamos en algunos períodos de nuestras vidas. No nos damos cuenta de que la vacilación, a menudo, es el sentimiento que nos obliga a “tomarnos un tiempo” y adquirir información y nuevos conocimientos en las “áreas” de la existencia que más nos apasionan.

Demasiadas certezas empañan las alas

No tener un objetivo preciso, nos pone en posición de no tomar decisiones, de dejar muchos caminos abiertos, de no estar demasiado seguros del camino tomado, especialmente de no tener una idea preconcebida de nuestra existencia y del propósito que queremos alcanzar. Si supiéramos siempre con certeza “quiénes somos” y quiénes queremos ser, nos arriesgaríamos a inhibir el pleno desarrollo de nuestras capacidades, que quedarían condicionadas por el peso de la opinión, a menudo parcial, que tenemos de nosotros mismos. En estos casos, la expectativa correcta recompensa y reduce el riesgo de que, para tener metas, hagamos nuestras las de los demás. Mucho mejor, en ciertos momentos, dejar todas las posibilidades abiertas

¡Si no sabes lo que quieres, puedes querer cualquier cosa!

Frederick Nietzsche – uno de los filósofos más influyentes de la historia – dijo: “Conocerse a sí mismo completamente sería la receta para nuestra ruina… Por el contrario, olvidarse de uno mismo, ignorarse a sí mismo, disminuirse a sí mismo, reducirse a sí mismo, coincidiría con la verdadera sabiduría”. No debemos apresurarnos a conocer nuestro destino; el alma quiere mantener nuestra verdadera tarea a cierta distancia… Hay una cosa importante que debemos saber: cuando eclosionamos nuestras habilidades, como una gallina eclosionando su huevo, debemos mantener nuestra conciencia libre de cualquier propósito preestablecido para no interferir con este proceso de maduración. Nuestra mente debe estar en silencio, sin pensamientos y sobre todo sin metas! Debemos aceptarnos a nosotros mismos “como somos”: inseguros y vacilantes… Sólo con esta actitud nuestras inclinaciones pueden desarrollarse y realizarse sin obstáculos.

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