No te conviertas en las máscaras que usas

En una de sus películas más famosas, Zelig, Woody Allen cuenta, en forma de falso documental, la historia de un hombre llamado Leonard Zelig, que posee una capacidad muy extraña e incontrolable: la de asemejarse, en apariencia y personalidad, a las personas con las que se encuentra. Con los médicos habla de la medicina como si fuera un médico, con los chinos asume un rostro con ojos almendrados y habla el chino actual, con personas con sobrepeso que engordan igual que ellos. Un psiquiatra encargado de tratarlo comprende, a través de la hipnosis, que tal camaleonismo es la forma en que este hombre, que no sabe nada de sí mismo y que, por lo tanto, es muy inseguro, trata de ser aceptado por todos los que están delante de él.

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La identificación completa es un peligro real

La película, aunque paradójica, cuenta algo que no está muy lejos de lo que le sucede a mucha gente. Hay quienes pasan de pareja en pareja convirtiéndose, de vez en cuando, en lo que esa pareja quiere (o cree que quiere): en el estilo de vida, en la forma de pensar, en los pasatiempos, en las ideas políticas…. Hay quienes frecuentan un cierto grupo de amigos toscos e incultos, y se comportan de la misma manera, para seguir adelante tras conocidos esnobsesivos, orientando en “modo esnobsesivo” todas sus acciones y su pensamiento. En la práctica, “se convierten en aquello a lo que van”, especialmente si los otros son psicológica o afectivamente significativos. Se trata de un automatismo psíquico inconsciente llamado identificación: la persona se identifica plenamente con el rol o personaje y cree con toda su alma que es ese rol o personaje.

Test: ¿Qué tipo de máscara llevas?

Enmascararse para defenderse: un arma de doble filo

La vida social requiere, en muchos casos, el uso de “máscaras” para adaptarse a diferentes contextos. Pero deben ser usados conscientemente y no deben suprimir nuestra naturaleza. Por el contrario, deben ayudarnos a expresarlo, en la medida de lo posible, de la mejor manera en ese contexto, en esa situación. O para retenerlo (cuando sea el caso), pero sin degradarlo y sólo por el tiempo necesario. Esto es lo que no sucede, precisamente, en la identificación: la persona no sabe lo que le está sucediendo y no sabe impedir que su naturaleza se manifieste. Tanto es así que, cuando una relación (sentimental o amistosa) termina, para cubrir el vacío de sentido, debe encontrar inmediatamente otra fuente de identificación, que le aleje de la ansiedad del encuentro con su propia identidad. No porque sea una identidad perturbadora, sino porque es sustancialmente desconocida. Y lo desconocido, hasta que se encuentra inconscientemente, siempre está inquieto.

La evolución permanente es el único camino a seguir

Hay condiciones como la gran decepción, o simplemente el aburrimiento existencial, que nos ponen delante de la verdad: si seguimos así, viviendo para ser aceptados, perderemos años sin sentirnos realmente aceptados. El inconsciente sabe que todo disfraz es una ficción y que la aceptación que obtenemos al usarlo es falsa y efímera. Tienes que encontrar el valor de volver a tu propia historia para reconocer lo mucho que has sido como “Zelig” mientras te descuidas a ti mismo. Sólo así podemos sacar a la luz nuestro automatismo psíquico: si esto sucede, las cosas pueden cambiar. Conocer la propia identidad no significa mirar dentro de uno mismo y decir: “Yo soy esto, eso es todo”, sino decir: “Sí, eso es lo que hay en mí ahora; hay más por venir pronto”. Yo soy el que observa su propia evolución”. Entonces la danza de los personajes terminará y la persona finalmente podrá vivir.

Qué sucede si usted “se convierte en la máscara”

¿Qué haces cuando usas una máscara? Es simple: tratas de entender cuáles son las expectativas de la persona frente a ti, y cuando las entiendes te comportas de acuerdo a esas expectativas. Puede hacerlo para hacerse entender mejor, o para hacerse aceptar, para unificarse. En el primer caso, conservas tu esencia, o mejor dicho, la fortaleces en comparación con los demás. En el segundo caso, corres grandes riesgos. Hay tres posibles problemas.

Te vuelves falso : el mecanismo puede actuar sin que te des cuenta, forzándote a recitar que, con la mente fría, no lo harías.

– Crear malentendidos: entender la expectativa de los otros significa actuar sobre lo que usted piensa…. ¡que el otro piensa! Una manera tortuosa y raramente efectiva de actuar, que a menudo causa malentendidos y malentendidos.

– Ya no sabes lo que te gusta: si el “act” funciona automáticamente, puedes arriesgarte a creerlo tú mismo. Incluso para creerlo firmemente. “Cuando actúo de esa manera, me siento aceptado por todos, significa que realmente estoy hecho de esa manera y que me tienen que gustar las cosas que la gente hace de esa manera. Es un intento inconsciente de llegar a una identidad estable. Pero precisamente porque es inconsciente, no puede funcionar y cada vez se distancia más entre nosotros y lo que realmente nos conviene.

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