No te definas y la felicidad llegará.

“Por lo general estoy tranquilo y al margen, pero ayer, debe haber sido ese medio vaso de vino – soy casi abstemio – conservé mi escritorio y hasta me puse a bailar salvajemente, sólo a mí me apodaron “la madera”. Y esta mañana estaba tan avergonzado como un ladrón”. A veces sucede que se comporta de una manera completamente inesperada, como nos dice Mario. En esas ocasiones puedes ver que la identidad que has cosido en ti mismo no es tan sólida, hay algo más y puede emerger en cualquier momento. Pero también descubres que abandonarlo no es fácil: los miedos, los sentimientos de culpa, la vergüenza siempre están al acecho y actúan como un freno. “Soy tímido, no puedo tener éxito. “Nunca podría estar con él, es demasiado diferente de la clase de hombre que me gusta” y así sucesivamente. La identidad, lo que creemos que somos y queremos, es uno de los mayores frenos en la realización espontánea de nuestro camino. Porque es como usar una máscara: te miras en el espejo y la ves a ella, no a ti, y esto te hace creer que tienes que satisfacer lo que la máscara quiere.

Cambiar de identidad y encontrar la felicidad

Olvídese de sus proyectos

El hombre “equivocado” llega y subvierte todos sus proyectos: ¿ceder a la pasión o resistir? La máscara dice que resistas, ¿pero tú? Descubrir una pasión diferente de la profesión familiar y comenzar la lucha interior: ¿riesgo o calor? La máscara te dice que te agarres, de lo contrario “no tendrías fuerza de voluntad”. Pero la única voluntad que importa es la tuya, no la de la máscara. En la máscara está la imagen que he hecho de mí mismo, lo que otros me envían de vuelta, mi trabajo, mis gustos, mis ideas. ¿Qué pasa si llega el deseo de cambiar? Esto sucede cuando estamos paralizados en la vida y lo que sabíamos ya no nos sirve de nada. Necesitamos cambiar el patrón, necesitamos quitar la máscara tomando conscientemente el camino del vacío, el más rico en tesoros. Vaciando, olvidando la identidad, reajustando. Sólo así, liberando la mente de apegos y condicionamientos, se abrirá el espacio para una conciencia libre que no dependa del lastre del mundo exterior y de sus juicios.

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Alejarse de “ya visto”

Acostúmbrese a evitar todas las frases que “automáticamente” le devuelven a una identidad conocida: las definiciones que comienzan con “Yo soy”. (tímidos, generosos, serios, ansiosos…), los “gustos” absolutos (gustos estéticos, comida, etc.). Con el tiempo forman una corteza exterior que termina por orientarte de forma rígida. Desapareces para hacerles sitio.

Reunión de misterio

Hay un poco de ti mismo que aún no conoces porque nunca le has permitido ver todo su potencial. Comportamientos, emociones, intereses, pasiones que, cuando aparecen por un momento, te hacen decir: ¡no fui yo! Es una gran riqueza: lo que sabes de ti pertenece al pasado y por lo tanto ya está parcialmente muerto. Lo “desconocido” pertenece al futuro y tiene grandes poderes, en primer lugar para hacerte sentir bien.

Encuentra la verdadera fuente de tu energía vital

Cada día encuentra diez minutos para hacer este ejercicio imaginativo: te ayudará a sintonizar tu mente superficial y profunda con tu auténtica energía vital. Cierra los ojos e imagina que empiezas a caminar por el bosque. Tienes contigo una pesada mochila llena de objetos que te representan: uno es el símbolo de tus méritos, otro de tus faltas, uno de los encuentros más importantes de tu vida, otro de tu profesión, luego uno simboliza tus ideas, otro tus afectos y así sucesivamente…. Cuando entras en el bosque, los dejas caer, uno tras otro. Primero aquellos de los que no te cuesta separarte, luego aquellos a los que estás más apegado. Mientras tanto, caminas, escuchas los ruidos, observas…. Hasta el último objeto que dejes caer. Sólo cuando no te quede nada, deja tu mochila también. Imagínate llegar a una fuente de agua pura y potable. Quédese allí por un tiempo, luego vuelva a abrir lentamente los ojos y regrese a sus actividades.

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