No temas las lágrimas: lavan tu alma

Nuestro tiempo no ha aprendido a llorar, hasta el punto de que ahora se necesita una cierta cantidad de coraje para hacerlo. Un ejemplo de esto es la experiencia que Laura, una de nuestras lectoras, nos cuenta: “Después de un día muy difícil llegué por la tarde y había sentido mis enfermedades físicas habituales de las que, desde hace algún tiempo, he aprendido a no sentirme abrumada. Pero la inquietud aumentó tanto que, a la hora de acostarse, mientras hablaba con mi marido sobre lo mucho que me recordaban mis padres, había estallado en un llanto repentino, intenso y prolongado, tras el cual me había sentido bien, sorprendentemente bien, sobre todo si recordaba lo incómoda que había estado todo el día”.

En nuestra sociedad, el llanto es una especie de tabú: los que lloran son considerados débiles, sin la fuerza para controlarse, soportar y enfrentar la realidad. No es casualidad que las únicas lágrimas que se toleren sean las de los niños o, a lo sumo, según un estereotipo difícil de matar, las mujeres. Es como si hubiéramos olvidado lo importante que es el llanto en ciertas situaciones, su poder y las numerosas funciones que posee……

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Las lágrimas no son todas iguales

Venimos al mundo con un primer anuncio de vitalidad hecho de llanto, espontáneo o provocado tanto es necesario al incipit de la actividad respiratoria. A partir de entonces, el llanto nos acompañará en la vida para subrayar varios pasajes de nuestra existencia. Muchos investigadores lo han tratado, estudiándolo desde diferentes puntos de vista. Algunos también se han ocupado de hacer una especie de clasificación: el llanto incontrolable, el convulsivo, el abandonado, el de alivio, el implorante, el descarado, el forzado, el resignado, el de la cólera, el de la alegría, el del compartir, el de la emoción, el estallido del llanto, generalmente profundo y desesperado, el de la emoción intensa.

Dos investigadores, Jonathan Rottenberg y Lauren M. Bylsma de la University of South Florida, han estudiado recientemente más de 3000 sujetos en condiciones de llorar en situaciones de vida normal. Lo interesante es que la mayoría de la gente, después de llorar, se había sentido mejor, pero a cerca de un tercio de los sujetos no sólo no les había pasado esto, sino que se habían sentido peor. Parece que esto depende tanto de la situación como de la causa. Sólo la presencia reconfortante de un amigo, pariente o confidente había hecho del llanto un acontecimiento positivo. Parecería, pues, confirmado que tener “un hombro sobre el que llorar” es bueno, aunque sea siempre una cuestión de medida, ya que el riesgo es convertirse en una carga para el otro.

Química de las emociones

Michael Trimble, neurólogo del Instituto de Neurología del University College London, en su libro “Why Humans Like To Cry” desarrolla una interesante teoría según la cual los únicos seres vivos que lloran con un contenido emocional son los seres humanos y que esta característica exclusiva es tan ancestral que incluso precede a la adquisición del lenguaje . En el libro el investigador también especifica qué áreas cerebrales están involucradas, las cuales en resumen están indicadas en un vínculo entre la porción anterior de la corteza cerebral y las áreas cerebrales responsables de la representación de las emociones: el sistema límbico y el sistema nervioso neurovegetativo que coordina la frecuencia cardíaca, la respiración y el habla, actividades relacionadas con el llanto.

Las lágrimas contienen una gran cantidad de elementos químicos que pueden actuar como mensajeros olfativos, imperceptibles pero definitivamente efectivos. El llora por lo tanto como un elemento de comunicación emocional y afectiva, como una herramienta relacional y un signo de fuerza, no de debilidad. Basta recordar lo que leemos en la Biblia, donde el llanto se atribuye incluso a Dios: “Entonces el Señor besó a Moisés y tomó su alma con un beso de su boca, y luego lloró por la muerte de Moisés”…..

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