Nostalgia del amor perdido: ¿qué hacer?

Hay una cosa que une la historia de muchos hombres y mujeres: el sentimiento de un amor perdido o – del mismo modo, de un amor que no fue encontrado, de un amor que fue vislumbrado por un momento y luego escapó de nosotros, el dolor de la carne y el espíritu y, al mismo tiempo, el anhelo por el Alma. Si quizás es tiempo perdido tratando de definir el amor, también es cierto que su carencia, el vacío que crea puede convertirse en el “motor” de nuestra vida, el volante que transmite energía y pasión, más allá de toda tristeza y amargura. Por el mismo principio, lo que llamamos males del Alma, las dificultades de vivir, los estrechos que nos hacen sufrir, encierran realmente el verdadero sentido de la vida.

Léelo también:

El amor no es posesión

La nostalgia por el amor perdido es en realidad similar a una búsqueda interior, en algunos aspectos similar a la del Santo Grial (búsqueda ardua por lo tanto…) pero en este camino el riesgo es confundir este deseo de amor “cósmico” con otra cosa, en primer lugar con la posesión. Así, cuando pensamos que lo hemos encontrado, se desencadena el frenesí de la posesión, prevalecen los celos y el miedo que se nos escapa y el amor se eclipsa de nuevo. La frustración que sentimos en estos casos nos dice que hemos sido víctimas de una ilusión, como un espejismo que sólo se puede ver en un momento dado, en un día determinado. Llega la decepción y piensas: He elegido a la persona equivocada. Debido a este malentendido, muchos sindicatos terminan, se desgastan, se van con amargura en la boca, con reivindicaciones y resentimientos que surgen en las discusiones, en las decepciones mutuas. El amor perdido genera sufrimiento, rebelión, intolerancia, impaciencia. Nosotros somos los que creamos malestar y paradójicamente, cuando tratamos de evitarlo, les damos más fuerza.

El amor no tiene una sola cara

Para no confundir y no caer en la trampa de la ilusión, es necesario saber distinguir. Hay una unión de dos personas que se quieren y se aman aquí, en la tierra, todos los días, donde se casan o viven juntos, donde pagan las cuentas y se olvidan de los paraguas en alguna tienda, donde preparan el almuerzo y la cena, donde hacen el amor con más o menos pasión y donde nacen los niños. Luego hay otro tipo de amor, el que “transpira” desde nuestras profundidades, donde hay una mesa con un lugar vacío, donde contamos la historia de una princesa que hay que salvar o de un príncipe que hay que conquistar, todo después de grandes dificultades y vicisitudes (como en el “bosque de los conejos” del ciclo de novelas sobre la búsqueda del Grial). El amor perdido es una herida que espera ser sanada, es la plenitud buscada por místicos y sabios, es la victoria sobre los dolores y ansiedades que a todos nos gustaría. No vive en las relaciones cotidianas, sino en otros tiempos y en otros lugares.

Perdónese y continúe su búsqueda

Cuando hablamos de amor, por lo tanto, hay dos niveles diferentes; vivir la vida armoniosamente implica estar con los pies en la vida cotidiana, pero también saber escuchar lo que sugieren los sueños, la imaginación y los deseos ocultos; la imagen que satisfaría plenamente nuestras necesidades es una figura “eterna” que provoca dulzura y melancolía, pero también inspiración y determinación, sentimientos que tanto necesitamos. Finalmente, cuando hablamos de amor perdido, debemos sobre todo aprender a perdonar. Pero, ¿quién? Nosotros mismos somos los primeros, “culpables” de no poder alcanzar el Amor perdido , soñado o lamentado, incapaces de apagar la nostalgia que arde eternamente en todos. Y perdónanos que lo que falta siga faltando: no es culpa nuestra ni de nuestra pareja, porque es nuestra Alma la que nos empuja en esta búsqueda, la que hace que la vida sea aún más digna de ser vivida.

No sufres por ella (o por él) sino por ti!

Cuando sufrimos de amor perdido y la herida sangra, pero no es el otro el que ya no está (o el que nunca ha estado) para hacernos sentir mal, sino esa “eterna” nostalgia…. Quien se resiste al encanto de esta búsqueda o quien olvida aparentemente vive mejor, pero es una ilusión: sentir en el corazón el deseo de encontrar este amor “cósmico” es en realidad un privilegio, aunque sea doloroso, aunque implique trabajo y dolor. Los que buscan son, sin embargo, más ricos, tienen más recursos internos, y en los momentos más oscuros descubrirán algo precioso, ese sentido de la existencia que, sin que ellos se den cuenta, ha hecho que sus vidas sean únicas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *