Olvidar es bueno para el alma

En la mitología griega y romana Lete es el río del olvido: las Almas beben su agua para olvidar las vidas pasadas y prepararse para las nuevas. Esto lo afirma el poeta Virgilio en la Eneida, cuando habla del Beato que bebe de esa fuente para enfrentarse a la libre reencarnación en un nuevo cuerpo. El hombre antiguo sabía algo que nosotros, los “modernos”, ignoramos con demasiada frecuencia: no es posible afrontar el futuro si no se ha liberado primero de los pecados, es decir, de las cargas del pasado.

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No ser capaz de olvidar puede hacer daño

No olvidar a menudo significa estar anclado en la vida de ayer, enredado en una relación o en una situación ahora al atardecer y luego encarcelado en una red de sentimientos y emociones que nos impide abrirnos a lo nuevo y a lo que una vida hermosa nos depararía; como nos recuerda Virgilio, si no lo olvidas, no puedes volver a vivir…. Seguir sintiendo ira, arrepentimiento eterno, dolor, deseo de venganza o venganza no es bueno para el Alma, que siempre se ve obligada a mirar en una dirección ahora estéril. El pasado, bello o feo, ha dado sus frutos; hay otros para agarrar…

Olvidar no es borrar, sino ir más allá

El problema no es tanto el no poder olvidar como el no querer hacerlo; usted prefiere el dolor conocido al dolor desconocido, que puede no estar allí o puede ser menos de lo que teme. El Lete es un río, un agua que fluye clara, y la lava, limpia del desperdicio de recuerdos dañinos: ese hombre o mujer que tanto nos ha representado, la nostalgia por un momento de tranquilidad y buena fortuna, o incluso una situación de trabajo que -aunque gratificante- ya se ha acabado. El río Lete fluye y quita el recuerdo de algo que ya no existe y nos deja libres para vivir ahora. Olvidar , sin embargo, no significa borrar sino dejar de lado, yendo más allá. No se trata de destruir, sino de recrear; el placer de una infancia muy feliz o, por el contrario, la amargura de una infancia difícil y dolorosa, no deben ser desechados, pero no deben ser objeto de nostalgia o repugnancia perenne, porque de lo contrario terminarán intoxicándonos.

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¿Cómo lo olvidaste?

¿Cómo lo olvidaste? ¿Cómo bebes de Lete? En primer lugar por los recuerdos amorosos como parte de nosotros y nada más; los momentos pasados no fueron intencionalmente bellos o feos, simplemente “pasaron”. Luego hay que contemplarlas, revivirlas con calma, casi con nerviosismo, las imágenes y las emociones y saludarlas. Hay que decirles: “Gracias, ya no te necesito, ahora puedo irme, ahora tengo que hacer otras cosas, adiós”. Ahora es el momento de hacer planes, incluso pequeños, que requieren atención y un poco de tiempo: arreglar un grifo que ha estado perdiendo el tiempo, elegir con calma un libro o un programa de televisión, probar un nuevo plato, llamar a un amigo o a un pariente, escribir…. cosas cotidianas, con gran poder oblicuo. Un sorbo a la vez y el olvido permitirá que el cerebro funcione mejor: olvidar ayuda a que las semillas que están esperando crezcan y finalmente se conviertan en esas plantas que están destinadas a ser….

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