Ostinación, el lastre más pesado

Sin saberlo todos los días realizamos innumerables “acciones mentales” que dificultan el flujo natural de nuestro cerebro. Esto sucede porque hemos levantado en nosotros una forma de ser, una identidad fija que se ha ido asentando a lo largo del tiempo, un personaje con un papel preciso que piensa que lo controla todo. Somos esquemáticos y habituales, siempre iguales, nuestros gestos se inician “automáticamente”, huimos de lo nuevo y de lo inesperado. Pero el cerebro cambia todo el tiempo: el mismo tú de ahora no es el de ayer, o el de hace un año. Permanecer fijo en una identidad significa caminar con la cabeza hacia atrás, hacia el pasado.

El cuerpo nos habla a través de la incomodidad

La mente paga el precio de esta actitud, y tiende a girar en círculos, a estancarse en los mismos pensamientos, en las mismas frases hechas. Pero incluso el cuerpo paga un precio muy alto: nuestro ser “unidireccional” puede llevarnos directamente a la incomodidad y a la enfermedad. Desgraciadamente, todos llevamos sobre nuestros hombros un enorme bagaje, una energía condensada de opiniones, creencias, prejuicios, buenas intenciones, deberes, sentimientos de culpa, autocontrol, obstinación, modelos de perfección; es nuestro Ego, algo superficial que hemos confundido con nuestro verdadero ser: “somos lo que pensamos”, es nuestra fe. Nos encomendamos al Ego y a los pensamientos, los consideramos nuestra única guía, cuando en cambio son sólo una mirada al pasado que nos ata a un futuro ya escrito. En un momento dado, aplastada por pensamientos siempre iguales, la vida se convierte en un todo “ya visto, ya hecho”: tenemos la respuesta preparada para todo, la solución “precocinada” para cada problema. En una existencia uniformada por nuestro enfoque racional, sin embargo, aquí aparecen obstáculos inesperados, montañas impermeables, grietas, en forma de crisis personales, emocionales, relacionales y de salud que a veces nos hacen hundir, otras veces nos obligan a luchar. Y nos sentimos perdidos. ¿Qué hacer cuando encontramos ansiedad, depresión, pánico o trastornos de origen psicosomático?

Las crisis son oportunidades para renacer

Cada vez que una dificultad o un síntoma aparece en la vida, la primera reacción es querer erradicarlo para volver a la “normalidad” y ser como antes. Pero cuando tratamos de silenciar una incomodidad, rechazamos nuestra naturaleza más profunda, que precisamente a través de una señal de incomodidad trata de emerger y ser escuchada. Es el cerebro el que ha enviado las molestias, para desintegrar el ego que te tiraniza. El cuerpo habla, quiere ser escuchado: está diciendo que los instintos primordiales son relegados a un segundo plano y que el razonamiento ha tomado el relevo. Cuando te sientes perdido significa que tienes una oportunidad única, la oportunidad de deshacerte de los límites de la identidad adquirida y encontrar tus energías profundas!

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