Palabras más simples, humor más ligero

Un dicho popular dice: “El hombre que habla demasiado no dice nada”. Pero “hablar demasiado” no significa simplemente hablar mucho, sino sobre todo hablar mal. Por ejemplo: superlativos, hipérboles, exageraciones. Nuestro lenguaje cotidiano se ve cada vez más abrumado por esto, también debido a los medios de comunicación, que ofrecen un flujo continuo de modos expresivos cada vez más coloridos y extremos. Pero esto puede crear efectos psicológicos inesperados. No hay duda de que, si una persona se siente triste pero dice “Estoy muy deprimido”, o si se siente cansado y dice “Estoy devastado” para comunicarlo, se crean dos efectos negativos muy importantes. La primera es una desconexión entre el propio estado real y el que se manifiesta externamente, que tiende a la dramatización; la segunda -más importante aún- es que la dramatización a su vez empeora el estado real de quienes la expresan. En la práctica, si uno comunica que está “devastado”, su cansancio pasajero puede transformarse en una verdadera disminución de la energía, con un efecto extremadamente desalentador en la psique….y en el cuerpo.

Medida de lenguaje

La solución está al alcance de tus manos: tienes que poner tu propio lenguaje en su lugar , eligiendo las palabras correctas para cada estado interior específico y no las que lo amplifican hasta que se convierta en otra cosa. Debemos redescubrir el sentido de la medida, renunciando a la “espectacularización” de nuestras emociones, rechazando este “narcisismo por el contrario”. Porque hacer coincidir las palabras con la realidad significa hacernos coincidir con nosotros mismos. Y la sensación resultante es la de ser más estable y seguro de sí mismo. No tiene precio.

Elegir palabras

Los medios de comunicación tienden a masificar el lenguaje según frases estereotipadas y amplifican cada emoción, positiva y negativa. En cambio, podemos, en la vida cotidiana, tratar de elegir con más cuidado las palabras a utilizar , haciendo todo lo posible para que coincidan con nuestro estado interior. Un truco: a veces nos tomamos un descanso antes de expresarnos, para seleccionar los términos más adecuados.

Ampliar vocabulario

Tener más palabras y expresiones “al alcance de la mano” amplía el vocabulario de las emociones. Lo ideal es leer libros de buena calidad literaria; ver (también) películas que investigan el alma y favorecen la introspección; escuchar en la radio (también) programas culturales y de actualidad. Una mayor riqueza lingüística nos ayudará a hacer coincidir lo que expresamos con lo que somos.

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