Pánico, cuando su llegada destruye las máscaras

El ataque de pánico es una experiencia extrema y desestabilizadora: quien lo ha experimentado no puede olvidar la dosis de energía que parece haber desbordado, de manera perturbadora, su capacidad de control: temblores, mareos, sudor, mareos, miedo a morir o a volverse loco…. Un tsunami de la mente que se origina en el alma e invierte todo el cuerpo, alterando sus certezas. A menudo las personas que padecen este trastorno son rígidas e intransigentes, pero sobre todo enmascaradas, vinculadas a roles y certezas adquiridas que están cosidas en la creencia de que están en el camino correcto. Aquí, entonces, la tormenta de pánico parece jugar el valioso papel de abrir la puerta a una dimensión más auténtica. Laura lo ha entendido y nos cuenta su historia.

Demasiadas restricciones abren puertas al pánico

Laura tiene 26 años y lleva diez años comprometida con el chico con el que ha decidido vivir, como explica en su correo electrónico: “En 2016, después de muchos sacrificios, nos mudamos juntos. Al principio todo parecía idílico, estábamos contentos de haber cumplido nuestro sueño de amor… aunque, por falta de tiempo, había decidido dejar el curso de aeróbic que me gustaba mucho. Después de unos meses, me quejé con él de que me sentía abandonado, siempre estaba ocupado jugando a la playstation y mi papel se volvió marginal. Una noche, en un pub, de repente tuve un fuerte ataque de pánico, mareos, náuseas frías, parecía desmayarme…”

El primer ataque de pánico siempre es inesperado

El episodio vivido por Laura forma parte de la casta conocida, ligado en particular a la especificidad de la situación en la que se origina el primer ataque de pánico y, por lo tanto, de los que le siguen. No es de extrañar que el pánico la atrape en un momento de relajación, cuando no se ve obligada a obedecer el diktat y la conducta preempaquetada y, por lo tanto, se reducen las defensas racionales. A menudo, quienes padecen este trastorno tienden a atribuir la aparición del pánico a factores circunstanciales: el tráfico, la cola, la tormenta. Pero estos factores casi nunca tienen un efecto desencadenante. Incluso Laura, al principio, decide no hablar de ello con su pareja, convencida de que se trata de un episodio singular “debido a la confusión de la gente que estaba en el bar”. Pero en las semanas siguientes vuelven los ataques de pánico: “se había convertido en un miedo al miedo”, hasta el punto de que ella misma comprende que las causas del trastorno se deben al exceso de imposiciones de las que fue, al mismo tiempo, promotora y víctima.

Si usted renuncia a su naturaleza, ella le presentará la cuenta

Como hemos visto, al principio Laura evita hablar de ello pero luego, inevitablemente, comienza a cuestionarse a sí misma. “Empecé a ver todo con otros ojos… no era el trabajo, no era el estrés… era mi vida la que se había vuelto demasiado estrecha, había dejado mi deporte favorito y estaba con una persona que seguía descuidándome. No pude ver una salida. La adhesión a un guión preestablecido, formado por reglas y valores externos, nos impide “darnos cuenta” de quiénes somos y seguir nuestras aspiraciones más auténticas. Laura se siente en una jaula en una relación que no la gratifica ni la hace crecer sino en beneficio de la cual ha decidido sacrificar su más profunda pasión, la del aeróbic. Tal vez, desde el principio, sintió que no tenía otra opción, atada al papel de novia perfecta que siempre había actuado y que la hacía sentir aceptada y en su lugar, pero, entonces, su naturaleza tenía la ventaja. El conflicto es tan intenso que se manifiesta con un ataque somático, ofreciéndole así la oportunidad de reflexionar y de reaccionar: “un día tomé mi bicicleta, la pinté con rayas de colores a mi gusto y, una vez seca, corrí muy duro como de niño y allí entendí….”. Comprendí que no me sentía bien con esta vida, que podía dejarla en cualquier momento, que no me veía obligado de ninguna manera… Ahora, después de unos meses, ya no tengo ataques de pánico, a veces tengo un poco de ansiedad… pero empecé a hacer aeróbicos de nuevo y todos los días me voy a trabajar con mi bicicleta de color.

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