Para ganar la depresión, tienes que rendirte.

Cuando hablamos de depresión , inmediatamente pensamos en dos tipos principales: el tipo monopolar, donde el estado de ánimo es casi siempre bajo; y el depresión tipo bipolar , donde los períodos de euforia alternan con períodos de estado de ánimo muy negro. Pero, además de éstas, existen otras formas llamadas “ansiosos-depresivos”, en las que el componente de ansiedad a veces cuenta aún más. A veces la ansiedad está en primer plano, con un fondo de pensamientos negativos; a veces la depresión está en primer plano, con un fondo de tensión emocional y miedos; a veces hay una alternancia entre días de ansiedad y de depresión. Sin embargo, hay una forma que se está extendiendo más y más y que es bueno saber: la depresión mezclada con ansiedad y los ataques de pánico . Mezclado en el sentido de que la persona tiene un estado de ánimo muy bajo y, al mismo tiempo, expresa un estado de agitación extrema, asociado a la sensación de que nunca saldrá de la situación en la que se encuentra.

Depresión, cuando el síntoma es inaceptable

Érase una vez, hace varias décadas, esta forma se llamaba ” depresión agitada “. Hoy podríamos llamarlo, a la luz de las dinámicas que lo producen y lo sostienen, “depresión rechazada”. Sí, porque el principal mecanismo subyacente es el hecho de que la persona considera que es absolutamente inaceptable estar deprimida. Este juicio proviene del papel y de la imagen que la persona tiene de sí misma y de su entorno: un papel que, por lo general, es una referencia para las personas que la rodean. Siempre ha apoyado a todos, ha sido la “fuerte” que ha ayudado a otros cuando estaban en dificultades (quizás incluso cuando estaban deprimidos), nunca ha dejado de “trabajar” incluso en las mayores adversidades de la vida, y ahora se encuentra en una condición en la que ya no puede hacer nada de esto. Así que, además de la depresión , también hay una pérdida de autoestima, acompañada del terror – típico de los que están en declive de humor – de no poder recuperarla.

El terror de la decepción agrava la depresión

Terror es la palabra correcta: la persona tiembla literalmente a lo largo del día, como si estuviera en un continuo ataque de pánico, paralizando todo pensamiento racional y toda acción. Con los demás es capaz de todo, pero consigo misma no es capaz de nada: se siente desorientada, no sabe cómo ayudarse a sí misma, no sabe cómo concederse un período de cuidados o de convalecencia. El pensamiento está dominado por la culpa debido al juicio que ella teme que pueda venir de personas que siempre han confiado en ella. Un juicio negativo y una decepción que, en realidad, ella misma ha formulado, pero que proyecta en los demás, que sólo le dicen que no se preocupe y que se tome todo el tiempo para curarse: palabras que, sin embargo, no causan ninguna impresión. Las cosas se complican, entonces, si el campo de referencia es el trabajo. La persona piensa que la incomodidad psicológica de depresión – una fractura de pierna, sin duda, es mucho más aceptada socialmente – y que incluso podría ser reemplazada – no será perdonada.

Se necesita un salto evolutivo para decir adiós a esta depresión

Para curar estas formas de depresión es necesario comprender que, en muchos casos, constituyen el intento inconsciente de escapar precisamente del papel de “referencia irremplazable” hasta ahora apoyado por una voluntad de hierro. En la práctica, el pánico indica cuánto miedo a juzgar tiene la persona e, implícitamente, cuán poca libertad ha tenido durante el período anterior. Algo, evidentemente, ha roto el equilibrio perseguido durante tanto tiempo y ahora se ve obligado a dar un salto significativo en su crecimiento: cuidarse a sí mismo, con dulzura y clemencia de juicio; darse tiempo para sanar y reflexionar; situarse entre las prioridades de la vida, y no sólo en la de sus seres queridos y en la del papel que desempeña en el trabajo.

Cuidarse: el primer medicamento contra la depresión

A veces el balance personal se altera debido a un evento negativo ( luto , , separaciones , despidos, desplazamientos, conflictos, enfermedades de un ser querido). La persona se ha enderezado pero, en el fondo, el sufrimiento al que ha dado espacio se siente precisamente a través de la depresión. Pero, incluso en estos casos, no acepta lo que considera un mal funcionamiento inaceptable, una culpa imperdonable, y el pánico llega incluso a sellar el rechazo de sus propias emociones profundas. La identidad no puede basarse en “tener que estar” al servicio de las personas, de los roles o de los ideales, sin respetar las propias debilidades. Faltan algunas funciones y ha llegado el momento de dárselas: el respeto por uno mismo y por la salud, la capacidad de recibir ayuda, una mayor escucha de los propios estados de ánimo, la legitimación de los momentos de crisis. La pauta es la siguiente: no tienes que desvanecerte irracionalmente para “volver al trabajo” como antes, sino que tienes que darte tiempo para volver a hacer lo que te importa, respetando tu alma, con sus momentos de trabajo y retiro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *