¿Por qué nunca puedo rebelarme?

Hay una verdad tan simple como negada: los que realmente quieren irse lo hacen, los que quieren romper una relación la rompen. Así que, si te quedas atrapado en una situación incómoda o no puedes cambiarla, la explicación es más profunda: hay una parte de ti que no quiere separarse, que necesita esa situación. Reconocerlo es el primer paso para salir de él. Pero, ¿por qué no podemos hacer valer nuestras razones en ciertas situaciones o con ciertas personas? ¿Quizás porque estamos impresionados, porque somos demasiado buenos, porque somos débiles o simplemente porque “no podemos”? Hay muchos tentáculos que nos frenan : obligaciones, afectos, deberes, sentimientos de culpa, pero si miramos cuidadosamente, nos damos cuenta de que también estamos involucrados y, de alguna manera, corresponsables de la situación.

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¿Quién está detrás del personaje que estás recitando?

Tomemos algunos ejemplos. Roberta está siempre a disposición de su amiga Giulia, líder de su empresa. Giulia la trata ahora como a una secretaria: le confía algunas comisiones, la lleva con ella cuando va de compras, le pide consejo en las compras, le da confianza y…. ella tiene sus paquetes traídos con ella. Pero Roberta está orgullosa de este papel: es tímida y en el grupo sería marginada, por lo que en cambio es el hombro de la persona más brillante. Se siente importante y en su corazón está convencida de despertar la envidia de los demás: la repite incluso cuando su maldad llega a su oído y se cierra en casa para llorar. Es como si en su vida hubiera una insegura Roberta necesitada de consideración y otra que se hace fuerte en el papel, para decir la verdad un poco desagradecida, de “escudero”, o mejor dicho de sirvienta…. Franco, en cambio, era un poco un niño fugitivo; entonces la larga enfermedad de su madre (que se encerró en casa cuando fue abandonada por su padre….) lo hizo más serio y responsable. Ahora es viejo y cuida de la anciana que todavía lo trata como a un niño. No se ha casado, vive con ella, está lleno de miedos…. Pero en ciertos momentos tiene pesadillas en las que lleva a cabo acciones criminales y en esos días se cubre de acné. Es como si todavía hubiera un niño franquista y un poco salvaje que sigue implorando un poco de libertad, y otro que teme herir a la madre…

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El verdadero conflicto es con una parte de ti

Esta es la verdadera clave para entrar en relaciones “complicadas” y desarmar su mecanismo: la dinámica con la que vives con los demás refleja tu mundo interior. La psicoanalista Marie-Louise Von Franz escribió: “El conflicto externo es siempre la materialización de un conflicto interno”. Cuando mantienes viva una relación que no funciona, es porque es parcialmente necesaria para ti, incluso si no eres consciente de ello. De lo contrario, te irías o sabrías cómo transformarlo. De hecho, quien realmente quiere cortar, corta. Sin necesidad de esfuerzos innecesarios. Si te quedas, es porque al menos una parte de ti lo necesita. En estos casos se dice que el exterior es una proyección: a través del otro estás “sacando a la superficie” una parte de ti que no ves, que proyectas en él y con la que te relacionas. En otras palabras: estás luchando contigo mismo a través del otro. No es la madre “externa” la que arruina la vida de Franco, sino la imagen de una madre que ha optado por permanecer fija en sí misma y con la que nunca deja de entrar en conflicto. Podría implementar mil estrategias diferentes, pero con ella es como si volviera a tener trece años. Se arruina a sí mismo, pero culpa a la madre “real”. Entenderlo es el primer paso para romper el mecanismo.

Cuando las relaciones parecen pantanosas…

Hay una faceta de uno mismo, hecha de inseguridad, de rabia, de miedo, que escondemos: cuando aparece nos hace sentir débiles y, por lo tanto, la volvemos a empujar hacia adentro. Pero hay algunas personas que de alguna manera lo traen de vuelta a la superficie. Luego reaparece con una carga renovada y es como si sólo estuviera él. No nos damos cuenta, porque creemos que lo vemos en esas personas, pero en realidad estamos observando nuestro lado superpuesto al suyo, confundido con el suyo, y es a ellos a quienes reaccionamos. La relación con estas personas es difícil, pero no nos alejamos de ellas porque no podemos separarnos de ese lado de nosotros mismos que despiertan: tarde o temprano tendremos que escucharla, si queremos encontrar la paz. El sufrimiento, por lo tanto, no proviene de las personas con las que nos enfrentamos, sino de lo que no vemos: a nosotros mismos. ¿Cuándo saldremos de esta relación enfermiza? Cuando rompemos el espejo y miramos a la cara del mundo interior. Entonces los nudos se derretirán y finalmente podremos actuar y vivir como personas libres.

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