¿Realmente quieres saber quién eres? ¡Disfrazado!

“¡No seas hipócrita! Quítese la máscara”, dice uno, durante una discusión acalorada, para inducir al otro a expresar sus peores pensamientos. Otro le dice a su amigo: “Sé que detrás de tu sonrisa hay una gran melancolía. Ábrete, no contengas tus emociones, muestra lo que tienes dentro”. “¡Siempre es tan amable, tan discreto! ¿No es cierto que detrás de esta máscara de cortesía hay alguien que quiere burlarse de mí”, dice un tercero, sobre el tema de un nuevo colega que no parece querer mostrar ningún lado agresivo? Estas tres frases muestran una tendencia: querer conocer “toda la verdad” de los demás, a cualquier precio. Un hecho cada vez más extendido, en sintonía con la difusión de las redes sociales: el deseo de que todo esté “en el escaparate”, visible, expuesto; que no haya más velos entre el interior y el exterior.

En la sociedad de la apariencia no crees en… ¡lo que ves!

Parece que si una persona no dice todo, si no muestra cada aspecto de sí misma, está mintiendo, engañando, manipulando; que es falsa o que no es completamente ella misma. El mito de la verdad a cualquier precio influye negativamente en las relaciones: quitarse por la fuerza la máscara, presionada por uno mismo o por otros, hace que las relaciones sean cada vez más inestables e inciertas. Hay una pérdida de confianza en las palabras “oficial” que se pronuncian, hay una marcada actitud retrógrada frente a hechos concretos. En una sociedad basada en la apariencia, paradójicamente, lo que aparece y se muestra linealmente, perturba, no se cree, en nombre de una verdad que “yace detrás” y que se reclama liberada sin inhibidores.

Test: ¿Qué máscara llevas?

Su interfaz para el mundo

Lo que estamos perdiendo es el verdadero valor del concepto de máscara, del disfraz. Máscara no significa necesariamente ficción. En latín, de hecho, “persona” y “máscara” se decían de la misma manera. Como si los antiguos hubieran entendido que al mantener una actitud pública diferente a la instintiva y espontánea, cada uno de nosotros todavía expresa una parte importante de nosotros mismos. Y es precisamente retomando este término latino que el psicoanalista Carl Gustav Jung dio el nombre de “Persona” a esa parte de nuestro Ego que está llamada a enfrentarse diariamente a la realidad, a actuar como interfaz entre nuestro mundo interior y el mundo exterior. Por lo tanto, la Persona/Máscara tiene la difícil tarea de modular, de vez en cuando, la expresión de lo que pensamos y sentimos, para integrarse en la sociedad sin perder nuestra autenticidad.

Disfrazarse y desarrollar su personalidad

La verdad de un individuo no es “decir y mostrar todo de sí mismo”: esto no es posible porque no somos uno. Dentro de nosotros viven los opuestos, la contradicción, en las tinieblas inaccesibles del inconsciente se esconde una riqueza infinita. Ser uno y sacarlo a la luz significa en realidad restringir la vida, transformarnos en robots, en individuos homologados. Se puede decir y mostrar, entonces, de vez en cuando algo, nunca todo. Usar las propias máscaras con conciencia -la propia “Gente” para decírselo a Jung- no es un límite, sino una herramienta que nos ayuda a expresarnos. Por supuesto que no hay que exagerar, haciendo de la máscara un uso manipulador; tampoco hay que identificarse con un solo personaje, convirtiéndose en sus esclavos. Por el contrario, es precisamente en el uso consciente de la “máscara” que se encuentra un factor en el desarrollo de la personalidad.

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Cada máscara tiene su propia energía: póntela y tendrás la fuerza

Viste tus estados internos: para ser libre de mostrarte cuándo y cómo quieres, debes estar en sintonía con tus emociones y necesidades, no vivirlas como una molestia. Si la cólera llega, entonces usted puede imaginarse usando la “máscara de la cólera”, sin ningún tipo de reparos, frenos o culpabilidad. Tanto es así que sabes que entonces viene la dulzura, la alegría y todas las demás emociones. Así que puedes percibir la máscara que llevas no como una ficción, sino como una parte auténtica y legítima de ti mismo que finalmente puede emerger.

Defiende tu misterio: hoy más que nunca es difícil no ser invadido por la mirada (y el juicio) de los demás, porque todos estamos interconectados de muchas maneras. En cambio, no hay nada de malo en no querer exponerse o exponerse sólo en parte, o en ocultar lo que usted piensa que debe permanecer privado. Por lo tanto, más que nunca, necesitamos la capacidad de cubrir y ocultar lo que usted cree que es precioso, sin renunciar a la profundidad de las relaciones.

Evitar la dietrología y la sospecha: acepta al otro por su forma de ser, y no por la forma en que cree que está detrás de la fachada. De esta manera evita tejer tortuosas tramas de pensamientos imaginando quién sabe qué intenciones ocultas, dejando su cerebro libre y receptivo. Los que viven de la sospecha ya no están atentos, al contrario: sólo ven sus propias sospechas y no captan las señales que les envía el otro. Como resultado, no se protege de los peligros reales y no aprovecha las oportunidades.

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