Regreso al pasado: una tentación de evitar

Todo el mundo tiene debilidades e incluso aquellos que normalmente son capaces de soportar tantas dificultades pueden encontrarse en situaciones de crisis en las que parece que pierden el equilibrio habitual. El colapso es a menudo desencadenado por una situación o evento negativo, pero a veces incluso puede ser desencadenado por un hecho positivo, cuyas características parecen haber sido hechas específicamente para tocar esa grieta en la psique que no habíamos notado, o que habíamos esperado que no se pusiera a prueba. Sentimos que no podemos hacerlo, nos sentimos desarmados, desprevenidos y es en ese preciso momento cuando se desencadena el impulso de poner en marcha opciones y comportamientos regresivos, es decir, aquellos que se remontan a una fase anterior del desarrollo de la personalidad.

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Cuando el acontecimiento a afrontar se percibe como superior a nuestras capacidades o toca una fragilidad interior, la mente renuncia a actuar de manera adecuada a la situación y automáticamente va a buscar la forma en que en el pasado nos defendimos de situaciones como ésta . Ante una crisis inesperada como pareja podemos temblar y empezar a llorar como un niño abandonado; ante una dificultad en el trabajo reaccionamos pidiendo una confirmación continua de nuestro valor, como un adolescente inseguro; ante cualquier situación percibida como un callejón sin salida, podemos escondernos en un rincón, con un gran deseo de llamar a nuestra madre o a nuestro padre. Pero hemos visto cómo desencadenar la regresión también puede ser una situación hermosa y deseada pero desafiante, como la vida de una pareja. Hay quienes no están acostumbrados a la felicidad y cuando llegan empiezan a detestar a su pareja para arruinar inconscientemente la relación; hay quienes no son capaces de resistir el compromiso de una relación adulta y volverse pasivos como adolescentes frente a la responsabilidad; de la misma manera la alegría de convertirse en padres, cuando todavía son psicológicamente niños, puede llevar a peticiones infantiles de ayuda de mamá y papá.

Si acepta la regresión, la pasa

El secreto para evitar caer en el pasado reside en considerar la regresión como una parte necesaria de un proceso más amplio: el desarrollo y la integración de la personalidad. Ninguno de nosotros podría evolucionar si no lucháramos contra este “dragón” que intenta mantenernos anclados en el pasado y hacernos fracasar: es el “camino del héroe” del que hablan todos los mitos. Cada vez que sentimos la necesidad de retroceder, de renunciar a todo, no sólo nos enfrentamos al peligro de no tener éxito, sino también a una gran oportunidad de crecimiento y transformación interior. Es precisamente en los momentos de dificultad cuando podemos construir algo: si mantenemos viva esta conciencia, sin ceder a la tendencia a juzgar los acontecimientos buenos o malos, y sin sentirnos culpables de lo que sentimos, estaremos más abiertos a aprovechar las oportunidades que se nos ofrecen. Así que la regresión desaparecerá en algún momento y nos encontraremos con nosotros mismos y con una oportunidad real de resolver las cosas.

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