¿Sabes por qué hay enfermedades navideñas?

Estábamos esperando nada más que vacaciones para relajarnos, para divertirnos, para hacer lo que queramos, pero aquí hay una enfermedad, un desorden, un síntoma molesto que parece llegar sólo para boicotearnos. Síntomas que ya conocemos y que reaparecen ahora mismo, o síntomas completamente nuevos que vienen a arruinar nuestros planes para esas dos o tres semanas. Síntomas que luego, una burla final, en cuanto volvemos a hacer desaparecer rápidamente la vida habitual. Como si hubieran aparecido con el propósito preciso de obstaculizarnos, como si nos dijeran: “No, no puedes divertirte, no se te permite. Es difícil no “personalizarlos” y no darles una especie de voluntad autónoma. En muchos casos es un guión que se repite: por ejemplo, hay quienes sufren de dolor de cabeza todos los fines de semana, o quienes tienen un “tiempo vacío”, sistemáticamente tienen un dolor muscular.

Defender un equilibrio precario

Es evidente que es, incluso cuando la patología tiene evidencia orgánica, expresiones psicosomáticas de nuestra persona, y que estos síntomas son el signo de algo. ¿Pero de qué? En primer lugar, el mensaje más inmediato que vendría de él es: “Sólo se puede vivir la vida que se vive normalmente, no hay que dejarla”. Sin embargo, la vida cotidiana parece estar llena de estrés, y es precisamente ese estrés el que nos empuja a ver una especie de oasis durante la pausa. Pero esta vida cotidiana, a menudo detestada y productora de fantasías de fuga en paraísos perdidos, sigue siendo un equilibrio. Precario tal vez, agotador, exigente, pero aún así un equilibrio. Las vacaciones lo interrumpen y uno se pregunta si estamos listos o no para separarnos de él por un tiempo y disfrutar de esta separación.

Por qué aparecen los síntomas

La respuesta la da el cuerpo: no, no estamos listos. Pero no porque no queramos unas vacaciones, sino porque hay algo, en tiempos y formas, que entra en conflicto con nuestra naturaleza . Estos síntomas, tan “dirigidos”, pueden expresar más de una cosa, incluso si se oponen entre sí. A veces vienen porque el desprendimiento de un ritmo a otro es demasiado abrupto y no podemos adaptarnos en el tiempo requerido por el corto periodo de vacaciones. A veces estamos tan acostumbrados al funcionalismo y al sentido del deber, que ya no podemos darnos placer. En algunos casos, como hemos visto en las páginas anteriores, las vacaciones están tan llenas de expectativas y la necesidad de recuperación, para ponernos en un estado de tensión, o son demasiado planificadas y no nos permiten relajarnos. Por no hablar de los factores inconscientes: la partida vivida como separación y desapego, la diversión vivida como sentimiento de culpa, un viaje vivido con el miedo a lo desconocido e incontrolable. Parecen inútiles, pero nos hacen sentir enfermos en nuestras profundidades.

No al forzar

Los síntomas de las vacaciones a menudo expresan esa parte de nosotros que no tiene la intención de ser encajonado en los ritmos y formas de productividad social. ¿Por qué tenemos que trabajar como locos primero y luego divertirnos en el jardín de tiempo que se nos da de una manera preestablecida? ¿Qué pasa si no tenemos ganas de divertirnos, descansar o viajar ahora mismo? ¿Qué pasa si no queremos hacerlo de la manera en que se debe hacer? ¿Qué pasaría si -algo inconfesable incluso para nosotros mismos- estuviéramos más que nada dispuestos a alejarnos de los compromisos familiares? En resumen, de una manera u otra, las vacaciones de verano pueden resultar una gran fuerza.

Dé espacio a su naturaleza

Para prevenir la aparición de estos síntomas es necesario reconocer lo antes posible cuál es nuestra dificultad personal. Vienen especialmente cuando la contrariedad o el conflicto permanecen inconscientes y por lo tanto no tienen otra posibilidad que la de crear un malestar que, al obstaculizarnos, nos hace reflexionar. A nuestra naturaleza profunda -que, no lo olvidemos, es tanto psíquica como biológica- no le importan las imposibilidades o compromisos concretos a los que debemos o elegimos someternos. Es la naturaleza y, si se lo impide, se irrita y se entorpece. El cuerpo y la psique se hacen sentir cuando sienten que no tienen esperanza de cambio. Vamos a dársela, y quizás también podamos disfrutar de esta fiesta, que también parece ya contaminada.

El significado simbólico de los principales síntomas de las vacaciones

– Palpitaciones: dan poco espacio a la sexualidad y a los diversos aspectos del placer.

– Tensión muscular: se ha producido una ruptura demasiado brusca entre el trabajo y las vacaciones.

– Dolor articular: a una parte de usted le gustaría una cosa y a otra parte lo contrario.

– Dolor de cabeza: Usted quiere controlar todo, incluso cuando es inútil.

– Colitis: descarga ahora toda la tensión acumulada en los meses anteriores.

– Estreñimiento: es difícil para usted relajarse y entrar en el ritmo lento de sus vacaciones.

– Gastritis: Estás en conflicto con alguien cercano a ti o rechazas el lugar elegido.

– Cistitis: la situación y el contexto bloquean el flujo normal de tus emociones.

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