Si el pánico rompe el acto de perfeccionismo.

Sofía se presentó en su primera entrevista de psicoterapia: “He estado sufriendo ataques de pánico durante cinco años. Empiezan de repente: mi boca se seca, siento náuseas y una sensación de frío y calor alternando, sin una razón real, entonces empiezo a temblar y pierdo un poco de sensibilidad en todo el cuerpo. En resumen: Tengo miedo de estar a punto de morir. Siento una fuerte necesidad de huir de donde estoy con alguien que me ayude, pero no sé a quién llamar. Todo dura unos quince minutos, luego pasa. ¿Qué me está diciendo mi cuerpo? ¿Puedes ayudarme a entender eso?”.

¿Realmente te gusta tu vida? El pánico lo sabe…

Sofía es una mujer hermosa, muy femenina, pero con ropa y peinados extremadamente formales, elegantes y serios. “¿Está satisfecha con su vida?”, pregunta el terapeuta a quemarropa. “Sí y no”, responde. “Hay cosas que me gustaría tener y otras que no, aunque no me queje, porque juego un papel importante en el trabajo, mis padres están bien financieramente y mi pareja, aunque esté separada, está cerca de mí, quizás un poco demasiado y le gustaría estar más conmigo. Si quieres conocer los aspectos negativos o molestos de mi vida, sin embargo, son estos: siempre debo ser perfecto y estar preparado en el trabajo, de lo contrario me arriesgo a que se me pase por alto y se me deje de lado. Y, perdóname por la repetición, debo ser una hija perfecta, porque mi padre siempre me ha exigido la máxima seriedad. Si a esto le sumamos la rigidez de carácter de mi pareja, diría que mi vida no es muy alegre.

Si no hay colores en la vida, hay pánico

Eso es un montón de canas en su vida. Así, la psicoterapeuta la invita a cerrar los ojos y a imaginarse en una fiesta, con amigos simpáticos, con música alegre y con ella divirtiéndose, absolutamente gratis. La fantasía guiada dura unos diez minutos. “Fue muy agradable”, dice al final. “Me encontré en una de las fiestas de los años de la universidad, cuando me había liado con un grupo de amigos a los que les encantaba el karaoke y nos volvíamos locos todas las semanas. ¿Hace cuánto tiempo que no sentía esta alegría, diría yo… fi sica?”. La imaginación, mejor que cualquier medicamento o muchas explicaciones, le mostró la manera de superar los ataques de pánico. Sin embargo, no hay que odiarlos, porque fueron precisamente los ataques de pánico los que indicaron que hay una parte de Sofía que ya no está viva y que debe ser superada. Sin preocuparte por tus colegas, tu padre y tu pareja….

Si llega la magia, el pánico se desvanece

Después de unas cuantas sesiones en las que Sofía se sumerge en lo imaginario, en un mundo de música, danza y alegría, llega el momento en el que los sueños se hacen realidad. Dice que hace unos días notó a un colega un poco `extraño, no vestido como un “maniquí corporativo”, más simpático que los demás. Así que una mañana se detiene y charla con él y descubre que también es un actor amateur y que le gustaría que ella asistiera a los ensayos de su espectáculo. “Inmediatamente pensé en las estrategias antipánico llevadas a cabo en la terapia y me lancé. La velada fue fantástica, también porque me invitó a salir al escenario y actuar…. ¡yo mismo! Escenifiqué a Sofía de forma seria, rígida y trabajadora, pero con ironía y comedia. Él y sus amigos actores se rieron y me pidieron que me uniera a su grupo. Y acepté. Después de estos acontecimientos que parecen, como suele ocurrir cuando nos dejamos guiar por nuestra verdadera alma, increíble y mágica, Sofía no ha tenido una crisis de pánico y ha puesto nuevas distancias con su pareja y su padre. Incluso en el trabajo ahora está actuando, pero lo sabe: está recitando a la perfecta y seria Sofía, pero por dentro sonríe y todo va bien.

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