Si la depresión es un asunto familiar

Un manto del que no se puede escapar, una maldición que no se puede vencer. Es con estas poderosas imágenes que se suele describir la sensación de estar enredado en una atmósfera de depresión, no por uno mismo, sino por la familia. Un sentimiento que siempre ha estado presente, desde que éramos pequeños, pero que, en un momento dado de nuestra vida adulta, se hace insoportable, porque entendemos que ella es la principal causa de los sufrimientos y fracasos a los que nos enfrentamos. La mentalidad familiar pesimista alimenta la creencia de que “sólo podía terminar así”, que “era obvio que las cosas iban mal” y que “nunca hacemos las cosas bien”. Y nada puede hacer que las cosas salgan mal como una unamentalidad pesimista al principio.

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Empieza a mirarte a ti mismo como espectador

Afortunadamente, hoy en día más de una vez es posible derrotar este tipo de depresión. La gente de hoy en día es más sensible a estos temas y la determinación para salir de este barrio está creciendo. El primer paso, por supuesto, es darse cuenta de que su actitud deprimida es el resultado de un “contagio”. Para entender esto, basta con hacer tres preguntas: 1) ¿Tengo la sensación de que cada crisis o dificultad es una recaída en el caldo habitual de oscuridad y fracaso? 2) ¿Vivo las cosas bellas y la felicidad que me sucede como frágiles treguas en medio de una negatividad general? 3) ¿Miro hacia el futuro con una desconfianza sustancial que realmente puedo lograr? Si la respuesta a las tres es afirmativa, es probable que la depresión de uno tenga una “matriz familiar” e incluso si nos sentimos parte de nosotros, debemos recordar que no es así. Ya es un buen paso: distanciarse mentalmente de él y observarlo.

Sigue tus deseos y te irás volando

No podemos esperar que el ambiente que ha producido y cultivado la depresión nos anime a “traicionarlo”, a salir del círculo depresivo. En palabras, parece que lo quiere, pero inconscientemente no lo quiere: “Vete, hijo mío – dice la madre deprimida – sé feliz al menos tú”. Es claro que en ese “al menos tú” hay chantaje, lo que nos hace decir: “¿Puedo ser feliz y realizado cuando aquí, desde siempre, nadie puede? ¿Cómo puedo ser feliz pensando en el dolor de los que amo?”. Lo que se necesita para salir del chantaje emocional es tirar recto, sin buscar aprobación.

Sigue lo que nos gusta, sabiendo que nadie, excepto nosotros mismos, vendrá a sacarnos de este círculo. Por supuesto, esto significa ir hacia un destino de libertad, donde puede haber una alternancia de éxitos y derrotas, del bien y del mal, de alegría y tristeza, y ya no estás “a salvo” en el clan de los deprimidos, donde ya sabes que las cosas no se irán. Pero es una verdadera opción de vida adulta. Si nos sentimos dispuestos a dejar el nido de plomo por algo real, con posibilidades reales de éxito, es hora de hacerlo sin demora, porque las cosas pueden ir mucho mejor que esto. Por ahí es por donde empezar.

Abierto a lo nuevo, la primera fuente de curación

Experiencias que son realmente nuevas, es decir, portadoras extraordinarias, no son fáciles. A veces haces un viaje exótico, pero te mantienes en contacto “umbilical” con tu familia de origen a través de tu teléfono móvil o de Internet. O te casas pero lo haces bajo la mirada constante de padres y hermanos. Para que una experiencia tenga un verdadero poder curativo y transformador, son necesarios cuatro elementos.

La distancia. La nueva experiencia debe hacerse de una manera verdaderamente autónoma y sin contacto continuo con los miembros de la familia.

  • Placer. Cualquiera que sea la experiencia que elijas, debe estar inspirada en el principio del placer, sea cual sea la forma que éste adopte.
  • Hora . La experiencia debe durar lo suficiente para despertar la satisfacción y la curiosidad. Si es corto, es mejor repetirlo varias veces o hacer otras.
  • Citas . Es fundamental que se marque el conocer gente nueva y, cuando sea posible, de culturas diferentes a la propia.

¿Y tu familia? Haz lo mejor que puedan si te ocupas de… ¡tú!

  • Resistir el chantaje. No es que los miembros de la familia no quieran su bien. El problema es que no sabrían cómo vivir tu verdadera felicidad o éxito. Ellos estarían desorientados y usted podría tener la sensación de traicionarlos, porque no han tenido éxito donde usted lo ha tenido. Pero no son más que un chantaje inicial involuntario. Si le das legitimidad a tu autonomía, ellos también tendrán un buen aliento de vida.
  • Evitar la divulgación . Puede parecer cruel e ingrato, pero al menos hasta que haya salido completamente del clima depresivo, no exponga todos sus pasos a su familia, contando los detalles. Disminuir, manteniendo, las centrales telefónicas y hacer todo lo posible para crear un “mundo tuyo” al que no pueda llegar esa visión líder de la vida. Proteja lo nuevo con discreción.
  • Cambiar entorno . El ir a vivir solo cambia las geometrías externas y, en consecuencia, también las internas. Si ya vives solo, un truco sencillo pero sorprendente es cambiar el tipo de iluminación de tu casa, buscando un nuevo ambiente. También es esencial cambiar los hábitos relacionados con los miembros de la familia, como el almuerzo semanal. Una última sugerencia: ¡es realmente importante que no entren en las opciones de renovación, pequeñas y grandes, que finalmente han decidido hacer!

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