Si la migraña y la depresión van juntas.

Cefalea y depresión: son términos que indican diferentes patologías pero que, en muchos casos, no están tan alejados. Por el contrario, a veces incluso hay una coexistencia evidente en la misma persona. Y el hecho de que algunos medicamentos antidepresivos también se utilicen en muchos casos de migraña atestigua el hecho de que las dos enfermedades tienen mucho en común. A veces es la presencia de una migraña frecuente, quizás provocada por factores orgánicos (genéticos, hormonales, alimentarios), la que provoca una actitud depresiva incluso marcada, interrumpiendo rítmicamente la acción de la persona y creando así una especie de discapacidad parcial.

Tienen una influencia recíproca A veces ocurre lo contrario: una depresión, especialmente si no es reconocida o descuidada, en algún momento comienza a expresarse con dolor de cabeza. En algunos casos, incluso, la migraña puede ser el único espía que revela la presencia de un estado depresivo. Por último, existen situaciones “mixtas”, en las que se produce una alternancia de los dos síntomas o su coexistencia, sin que exista un vínculo causal evidente entre uno y otro. Por lo tanto, conocer cuál es la situación específica puede ser de gran ayuda para la terapia, también para evitar tomar medicamentos inútiles, erróneos o excesivos.

Resignación saliente Para identificarlo bien, es necesario que quienes padecen estas enfermedades salgan de la comprensible actitud de pasividad o resignación que ellos, con sus características y su insistencia, inducen y trabajan arduamente, también para ayudar a los especialistas en diagnóstico. Son síntomas con muchos matices, muy personales y vividos de una manera muy subjetiva, pero que “desde fuera” es difícil de comprender plenamente. Aquellos que toman su situación en serio, sin embargo, siempre reducen la intensidad y frecuencia de sus síntomas en gran medida .

Cuatro cosas para recordar siempre

– Resolver una depresión reduce la frecuencia de las migrañas – En ambos casos es necesario un diagnóstico especializado.

Un diagnóstico común: se sacrifica el instinto La migraña indica que la persona no puede vivir una parte importante de sí misma, la parte instintiva, y se compensa con una sobreproducción mental ansiosa. La depresión, por otro lado, indica que la vida parece haber perdido su sentido, que nos hemos alejado de las fuentes auténticas de placer y energía vital. Por lo tanto, hay un rasgo común que también se puede seguir en la terapia: mejorar la forma de comunicarse y expresarse dando más espacio a los componentes corporales y emocionales, y llenar el tiempo diario con cosas que dan auténtico placer.

Cuidarse a sí mismo Es necesario afrontar, incluso con la ayuda de un psicoterapeuta, la tendencia al abandono que afecta a quienes sufren de migraña y depresión. Es cierto que ambas conducen a una actitud pasiva y que la migraña típicamente mejora en la oscuridad y la depresión empuja a limitar las acciones públicas; sin embargo, la oscuridad, el silencio, el aislamiento, no deben ser vistos como una renuncia a la curación, sino que deben ser abordados de una manera “activa”, como un tiempo necesario para dar a luz a las acciones y actitudes, más en línea con una expresión completa de uno mismo.

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