Si la naturaleza desencadena el pánico.

Cuando una tormenta eléctrica es suficiente y llega el pánico

En la era de los viajes de última hora que en 12 horas nos catapultan a una isla remota del Océano Índico, y de las “aventuras controladas” en los lugares naturales más impresionantes y arriesgados del planeta, puede parecer anacrónico que alguien desarrolle una fobia (si no es que es real ataques de pánico ) a los “encuentros” con la naturaleza incluso de menor espectacularidad. Sin embargo, existe una forma de ansiedad que la psiquiatría sitúa entre las fobias específicas, caracterizada por el miedo extremo -a veces el terror- a presenciar acontecimientos naturales, no sólo aquellos con un riesgo objetivo para la seguridad de sí mismos o de sus hogares (tornados, inundaciones, tormentas violentas….), sino también aquellos con un impacto más normal, frecuente y menos emocional, como una tormenta eléctrica llena de relámpagos y truenos, un fuerte viento, fuertes nevadas o un sol estival que no da tregua.

De la ansiedad anticipada a los ataques de pánico

A veces incluso la simple visión -incluso desde un lugar completamente seguro- de un espectáculo natural abrumador y fascinante (como grandes cascadas o una vista desde arriba) que nos perturba en profundidad y desencadena el miedo y/o los ataques de pánico . La persona que lo padece puede experimentar dos enfermedades: una fuerte ansiedad anticipada si el evento aún no ha ocurrido o está a punto de ocurrir, o un ataque de pánico si se encuentra en el medio o frente a él. Además, obviamente, la imposibilidad de moverse libremente en la realidad, con la evitación de lugares y situaciones específicas, y el frecuente, aunque no constante, estado de alerta: su sentido de seguridad depende enteramente de factores externos. Pero se puede hacer algo concreto para eliminar este trastorno obstructivo.

Características básicas de este fallo

  • Miedo excesivo o irrazonable causado por la presencia o expectativa de un evento natural de fuerte impacto emocional.
  • Ansiedad inmediata y persistente que puede resultar en un ataque de pánico.
  • Conciencia de que el miedo es injustificado pero imposible de controlar.
  • La fobia ocurre durante un período de al menos seis meses.

De dónde viene

  • El miedo a los acontecimientos naturales refleja el miedo a la propia naturaleza interior, de la que la persona está desenganchada.
  • Traumas antiguos: en la infancia fuimos testigos de situaciones negativas vividas como aniquiladoras (por ejemplo: peleas entre padres, violencia psicológica o física real o incluso temida, robos, un padre borracho y fuera de sí mismo).
  • Escasa introspección: quizás por la cantidad de experiencias negativas que se eliminan, uno tiene miedo de mirarse a sí mismo en profundidad y desaprender cómo hacerlo.

Consejos: entender que estamos cambiando constantemente

Conocerse mejor

Profundizar en uno mismo, descubrir los propios “paisajes del alma” nos pone automáticamente en sintonía con la naturaleza que nos rodea. Hay muchas maneras: desde la psicoterapia profunda hasta las lecturas específicas y las filosofías orientales. Lo importante es un enfoque gradual y cuidadoso.

Aceptar desequilibrio

Todo, dentro y fuera de nosotros, está cambiando constantemente. Acoger las tormentas interiores, las cascadas de emociones, los terremotos del alma es fundamental. Existen técnicas corporales muy útiles -si son seguidas por un experto- para familiarizarse con la alternancia entre el equilibrio y el desequilibrio.

Desensibilización del miedo

El contacto con la naturaleza debe ser reanudado, poco a poco. Caminar en medio del verde, leer en el césped, dormir entre los árboles son formas muy sencillas de volver a sentir la naturaleza como parte de uno mismo y no como un enemigo. Desde aquí puedes empezar de nuevo.

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