Si la pasión se desvanece, el amor también se desvanece

Gabriella, una lectora, escribe: “He estado comprometida durante cinco meses. Mi novio es cariñoso, cariñoso y presente, pero no particularmente activo. Nuestro verdadero problema es el sexo: esporádico y siempre por iniciativa propia…. Además de la baja frecuencia, no siento placer con él, quizás porque siento que está enfocado sólo en sí mismo. Estoy desesperado, he intentado hablar con él varias veces pero no tengo nada que hacer…. Creo que lo amo y lo respeto mucho y no quiero que este aspecto me aleje de él…”

El alma, en su parte más profunda, es ante todo erótica. El pensamiento común lo ve sólo como una entidad espiritual, pero no es así: es ella quien dirige la energía más importante que tenemos, la libido, que por un lado hace posible la continuación de la especie y por otro nos da placer y bienestar. En este sentido, la espiritualidad no tiene nada que ver con la moral. Puesto que Eros es la energía misma de la vida, si ya no sientes placer con tu pareja, significa que nuestra alma está sufriendo y la manifiesta. ¿Qué hacer en estos casos? Una estrategia común puede ser la que Gabriella trata de poner en práctica: tratar de recuperar a la pareja, de “forzar” su atención. Ella misma lo dice en otro punto de su carta: “a veces, como estoy molesta por su apatía, camino desnuda por la casa para tratar de llamar su atención, pero nada…”.

El verdadero amor vive de sensaciones, no de ideales

Gabriella es víctima de una idea “romántica” del amor, una ilusión peligrosa: una relación es ante todo un viaje en sí misma y sólo así puede llegar a ser satisfactoria para ambas partes. Incluso en las relaciones más íntimas, primero debemos ser conscientes de nuestras necesidades y deseos, y sólo entonces podremos cuidar de los que nos rodean. Entrar en intimidad con la otra persona significa tomar un camino de autodescubrimiento; para vivir una sexualidad feliz, debe haber una complicidad y un deseo espontáneos. Comprometerse en una pareja es a veces necesario, pero lo importante no es sacrificarse a sí mismo y al bienestar psicofísico de uno por amor, o más bien por una idea de amor totalmente antinatural. Por lo tanto, Gabriella debe tratar de concentrarse en sí misma, en lo que siente y en lo que la hace insatisfecha, y no sólo en la pareja y en los problemas con su novio.

Si el eros no despega, la pareja se apaga

La pregunta que Gabriella teme pero que tarde o temprano será llamada a hacerse es la siguiente: ¿cuánto está dispuesta a continuar una relación nacida hace unos meses si es la primera en no ser feliz? ¿Por qué a veces preferimos estar satisfechos, aunque el cuerpo parezca “tirar” de nosotros hacia otro lado? La atmósfera mental de Gabriella es capturada por un pensamiento común de que si él es un niño cariñoso, cariñoso y presente, necesariamente será el correcto. Así que la pasión, el pegamento más importante de una pareja, se apaga. No sólo eso: idealizar a la pareja la hace aún más inalcanzable. Cuanto más se nos escapa el otro y se niega a sí mismo, más precioso se vuelve a nuestros ojos y corre el riesgo de hundirnos en un círculo vicioso de frustración y sufrimiento. Mejor salir de esta jaula mental inmediatamente cuando todavía estamos a tiempo, que encontrarnos resignados en una relación que no funciona pero que no podemos prescindir.

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