Si no puedes hacerte entender, ¡habla de cómo comes!

¿Te sorprendes cuando hablas? Si nunca sucede, significa que siempre presentas el mismo personaje al mundo. Con una especie de tamiz psíquico filtras cada palabra: incluso antes de pronunciarla, la pasas a través del juicio para establecer si está “bien”. De esta manera, usted puede darlo por sentado. No eres tú el que habla, sino tus convicciones, tus modelos, tus roles fijos, tus miedos, tus ambiciones, tus expectativas…. Se puede decir por los efectos: después de lo que debería haber sido una “buena charla”, ¿se siente oprimido por lo “tácito” o amargo por no ser capaz de mover situaciones de estancamiento? En realidad, esa incomodidad viene del hecho de que eres el primero que no cree en lo que dices. Al repetirte refuerzas el cliché que los demás tienen de ti: de esta manera tus relaciones corren el riesgo de volverse superficiales y artificiosas.

Redescubre tu voz auténtica

¿Cómo salir de ella? Contactando de nuevo con tu parte más “verdadera” y dándole una voz. Pensemos en Cyrano de Bergerac, el protagonista de la famosa tragedia de Rostand: un amigo le pide que hable con el amante por su cuenta y Cyrano -que también está secretamente enamorado de la misma dama- lo hace tan bien como para provocar en ella un sentimiento profundo. Pues bien, en cada uno de nosotros hay “otro”, un Cirano capaz de confiar en su instinto y de hacer hablar a su corazón. Es nuestra parte más auténtica: sólo tenemos que ponernos en contacto con ella para encontrar nuestras verdaderas palabras. Cada vez que uno no hace lo que siente, pierde la oportunidad de mostrar a los demás y a sí mismo quién es en realidad. Busca “el otro”, es decir, tu esencia, y déjalo hablar: nunca se equivoca.

Basta con el “digo y no digo”: sólo acumulas ira

He aquí una típica situación de oficina pública: estás en una cola, estás distraído por un momento y el recién llegado se para frente a ti. Después del primer momento de sorpresa, hay dos maneras de comunicar su decepción. Una es la retorcida de las alusiones: bocanadas, murmullos, hablas mal de los vicios de los italianos, extiendes tus brazos desconsolados, te vuelves hacia otra persona en fila, haces sarcasmo en voz alta sobre aquellos que siempre quieren ser inteligentes…. Es una forma equivocada porque el “culpable”, si es así, fingirá no hacer nada: si ha robado tu casa, no tiene ningún problema en resistir tu murmullo. Si no lo hizo a propósito, acabas poniéndolo a la defensiva y te arriesgas a discutir. Mejor ser claro y directo y advertirle amablemente: “Disculpa, tal vez no te diste cuenta, pero yo llegué primero”. Entonces depende de él decidir qué hacer.

La palabra siempre se vuelve dolorosa

Las alusiones, las preguntas retóricas, el sarcasmo, los murmullos, las medias frases, los giros de las palabras: son una forma tortuosa de comunicarse. Se oculta para no exponerse, acumulando ira y llenando la mente con pensamientos inútiles y dañinos y reclamos tardíos. ¿Tienes algo que decir? Dilo claramente; amablemente, pero dilo. Usted no sabe cuánto tiempo y salud mental puede ahorrar !

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