Si sigues adelante, tendrás paradas abruptas.

Tirar hacia adelante, apretar los dientes: dos frases comunes que revelan la actitud mental que muchos tienen en algunos momentos delicados de la vida, los que siguen a un evento negativo, pero que luego se prolongan hasta que lo conviertes en un vestido existencial que nunca cambias. “Pero sí, sigamos adelante”: una forma aparentemente valiente de abordar los acontecimientos, que en realidad es contraproducente. Por qué? El problema es que tal actitud impide la elaboración psicológica de acontecimientos negativos y cambia nuestro enfoque de la vida a lo largo del tiempo, impidiéndonos aprovechar las oportunidades, dar espacio a la creatividad y a la alegría de vivir.

La felicidad no es un oasis

Avanzar significa entender la vida como supervivencia y la existencia como resistencia. Los que están impregnados de esta mentalidad sienten que viven siempre “contra el viento” y, después de cada obstáculo, que son un superviviente que no puede aspirar a nada sino, precisamente, a salir adelante… Pero, ¿realmente estamos obligados a vivir así? No: “la vida como un valle de lágrimas” es un invento. En cambio, es posible cambiar nuestro enfoque y adquirir otro, no sólo más constructivo y menos neurótico, sino también mucho más realista: podemos pasar de este pesimismo existencial, a veces un poco complaciente, a pensar que, de cada acontecimiento negativo que nos sucede, salvo algunas muertes reales de personas muy queridas, podemos salir enriquecidos. Se trata de abandonar la mentalidad obsoleta que ve la felicidad como una delgada tregua entre los muchos momentos malos, y adquirir aquello para lo que es posible a pesar de muchas de las cosas negativas que nos suceden.

Piensa en la vida como un sendero en un bosque

Para ello, la imagen interior que tenemos de nosotros mismos debe ser invertida. Los que “se las arreglan” se ven a sí mismos como un hombrecillo cansado con una mochila pesada sobre sus hombros, que tiene que superar obstáculos mucho más grandes que él. Los que quieren enriquecerse por dentro, deben aprender a verse a sí mismos como una persona que se enfrenta abiertamente a un sendero de montaña, rodeado de vegetación y rocas, que proporciona una alternancia natural de bellos pasajes y malos pasajes. Porque la vida es así…

La guía de práctica

Tomar un descanso

Después de un evento muy negativo, si te das cuenta de que no tienes impulso y determinación y mantienes la cabeza baja, como un animal de carga que tiene que tirar del carro y nada más es esencial para detenerse y permitirte un mínimo de tiempo para dejar la mente la oportunidad de regenerarte y darte cuenta de lo que pasó.

Si sufres, hazlo bien

Cuando hay que sufrir, hay que hacerlo de la manera correcta: sufrir por el evento mismo, y no amplificar el dolor con otros pensamientos, deducciones o sentimientos de culpa. Por eso es necesario no trivializar lo sucedido, no quitarlo y no fingir nada, pero tampoco seguir dramatizando y quejándose continuamente.

Rendirse a momentos no

Siempre tratamos de no escapar de lo que nos pasa que es doloroso: apretar los dientes no siempre es la solución. A menudo es mejor ceder por un tiempo, aceptar. Es el único camino para que todos los sufrimientos que experimentamos no se acumulen en nosotros hasta que se desgastan o explotan en un síntoma, sino que se consumen, como en un incendio.

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