Si tiene ansiedad y no sabe por qué, haga lo siguiente

Valentina, una joven lectora de Riza Psicosomática, escribe: “Soy una estudiante universitaria del sur, pero vivo en Turín desde hace casi tres años. Inicialmente le eché la culpa de mi ansiedad al estudio, incluso pensé en dejar la universidad porque pensé que era demasiado estrés lo que me causaba este estado de ánimo. Así que cambié mi estilo de vida, salgo más y a pesar de ello sigo obteniendo buenos resultados, pero la ansiedad sigue existiendo. Traté de culpar a la casa donde vivo aquí porque es el lugar donde empecé a sentirme mal y a mi compañero de cuarto, que es la persona con la que paso la mayor parte de mi tiempo, así como a mi mejor amigo durante más de 10 años. Tampoco resolví el problema: empecé a salir con gente nueva, a salir con gente que no era ella, pero nada. También pensé en la distancia de casa: me llevo muy bien con mis padres, pero ahora, incluso cuando estoy con ellos, no puedo mejorar. Ya no sé qué pensar, sólo sé que esta ansiedad sigue existiendo, como si me desgastara….”.

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Lejos del constante pensamiento de ansiedad

Al igual que Valentina, muchas personas sufren de ataques de ansiedad d que vienen de repente, sin una causa aparente. La ausencia de una razón obvia nos inquieta mucho, porque tenemos la sensación de que algo está sucediendo sin que podamos intervenir. Pero Valentina nos da algunos detalles más: “Entiendo que me siento mal no por algo externo, sino por algo dentro de mí: lo que me hace sentir tanto es principalmente la idea misma de estar enfermo. La primera vez que me pasó fue por la noche: desde ese día en que tengo que ir a dormir empiezo a sentirme así, incluso unas horas antes, porque tengo miedo de sentirme enfermo y no poder dormir, y aquí la profecía se hace realidad. Durante el día, cuando el pensamiento de ansiedad regresa a mí, inmediatamente empiezo a sentir esa sensación, como si la estuviera sintiendo yo mismo…”.

No busques la fuente de la ansiedad. Escúchala.

El error más común que podemos cometer cuando llega la ansiedad es tratar de explicarla; al hacerlo, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo devanándonos los sesos para encontrar las posibles causas de la ansiedad, engañándonos a nosotros mismos para poder identificar una situación o una persona que son las causas de lo que nos está sucediendo. Fracasamos puntualmente y nos encontramos constantemente pensando en la ansiedad como en el caso de Valentina. La primera crisis la golpeó por la noche y desde entonces, temiendo su llegada, todos los días antes de acostarse (pero también durante el resto del día) sigue pensando en ello, terminando inevitablemente como su víctima. La causa de la enfermedad de Valentina es, paradójicamente, la búsqueda misma de una causa atribuible a la ansiedad. Cuando llega la ansiedad, lo único correcto es acogerla sin tratar de comprenderla. Hay que estar con ella, sin buscar una razón, prestando atención a los pensamientos, sentimientos e imágenes que nos vienen a la mente: cuando podemos enfocarnos en esta “narrativa” en particular, aceptando la ansiedad sin tratar a toda costa de explicarla, ella se irá sola….

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