Si tienes hambre, no tomes decisiones importantes.

Durante muchos años, los investigadores han estado investigando los vínculos entre el cerebro, el estómago y los intestinos. Mucho se sabe ya sobre las conexiones recíprocas que influyen en estos órganos aparentemente tan diferentes: por ejemplo, según una investigación sueca reciente, examinando la relación entre el apetito y la impulsividad del comportamiento, parece que, cuando entra en la circulación en ciertas cantidades y durante un período prolongado, la hormona del hambre puede alterar la capacidad de utilizar ciertos aspectos de la racionalidad y mantener el control sobre ciertas decisiones que se deben tomar en el futuro inmediato. La antigua sabiduría popular, para la cual las decisiones, especialmente las más importantes, deben tomarse con el estómago lleno, tiene un fundamento real.

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Hambre y pérdida de lucidez: el fallo es una hormona

La “falla” de esta menor capacidad de análisis sería una hormona específica llamada grelina, descubierta en 1999: es producida por el estómago antes de las comidas y tiene la función de estimular el apetito. En el estudio sueco, publicado en Neuropsicofarmacología, los investigadores enseñaron a los conejillos de indias el comportamiento correcto para recibir una comida de su elección y encontraron los efectos de un aumento de la grelina en la sangre, ya sea a través de su administración directa o a través de una liberación fisiológica, sometiendo a los conejillos de indias a ayuno durante unas horas. La conclusión a la que llegaron fue que los animales con niveles de grelina superiores a la media demostraron que no podían inhibir los impulsos y que tenían un comportamiento poco “organizado” para llegar a pedir la comida.

Coma primero y luego decida

Básicamente se confundían sobre las opciones a tomar, que aumentaban a medida que se prolongaba el ayuno : se destacaba, por tanto, la incapacidad de perseguir un comportamiento racional y ventajoso al mismo tiempo que los altos valores en la sangre de la hormona en cuestión. Se puede suponer que la grelina influye no sólo en las opciones a corto plazo relacionadas con la adquisición de alimentos, sino que puede tener implicaciones más amplias sobre el comportamiento impulsivo en general: en este caso, el alcance de la investigación sería mucho más amplio de lo que parece. Por el momento basta con tener en cuenta que cuando hay que tomar decisiones importantes no vale la pena llegar especialmente hambrientos.

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