Si un amor sigue adelante, va más allá

Contrariamente a lo que se piensa comúnmente, cada relación que vivimos tiene en primer lugar una función evolutiva y es “fértil” hasta que se realiza esta función . Puede ser cuestión de meses o años, pero una vez cruzado ese umbral es frecuente sentir un malestar interior, algo que nos advierte que ha llegado el momento de dar un giro, “relanzar” la propia relación o dejarla atrás. Desde este punto de vista, es interesante la historia de Chiara, una chica de 25 años, recién graduada, que está indecisa sobre si cerrar o no la relación con su “novio”, como ella lo llama, aunque ya tenga 40 años…. Los dos se conocieron hace dos años; después de un romance y meses de pasión, cuidado y atención (que Chiara se queja de que siempre echó de menos en el pasado), comienza a tener sus primeras dudas sobre su pareja.

Una relación no debe restringir su crecimiento

Justo antes de conocerla, él había pasado por una profunda crisis esencial pero, en el punto álgido de su implicación, ella no le había prestado mucha atención, al igual que no se había preocupado por la falta de autonomía que caracteriza a su pareja: siempre ha vivido con sus padres que sólo recientemente la “dejaron” ir a vivir sola y que aún la mantienen, a pesar de su edad. No es casualidad que las dudas de Chiara surjan dos años después de su primer encuentro, al mismo tiempo que termina sus estudios y después de haber dado sus primeros pasos en el mundo de los adultos. Después de pasar por ciertas etapas, Chiara advirtió de manera apremiante que su camino de crecimiento corre el riesgo de verse frenado por el perpetuo estancamiento en el que se encuentra su pareja.

Si los contras superan a los pros, el alma sufre

Durante un tiempo, Chiara vivió con una compañera que le permitió experimentar el cuidado y la atención que tanto deseaba. Es un poco como si esta relación le hubiera jugado una función compensatoria que hoy ha perdido su valor. Chiara dice que lo ama y que lo desea de nuevo, pero el contraste entre sus propias elecciones y el estancamiento de su pareja pronto se manifiesta en un estado de tristeza, ira y preocupación que la pone frente a una elección inevitable. “¿Por qué no puedo dejarlo?” Ella se pregunta. Probablemente hay una doble respuesta: por un lado, hay una deuda de gratitud que la une a esta persona, y por otro lado siente la extrema fragilidad y falta de autonomía de su pareja, psicológicamente más como un niño que como un adulto. Estos dos factores se suman, lo que le impide decidir con serenidad sobre su futuro. En resumen, el único elemento que la une hoy en día proviene de un pensamiento egoísta y racional: el de salvarlo. La verdad es que no hay manera de ayudar a alguien a convertirse en adulto a menos que él mismo lo desee.

Puedes encontrar lo que buscas fuera en ti mismo

Luego hay otra pregunta de la que Chiara habla y que le resulta difícil de explicar: en los últimos meses, a pesar de haber conocido a otros hombres, maduros y realizados, nunca ha sido capaz de dejarse llevar por la intimidad. Frente a este problema, uno se pregunta por qué Chiara siente la necesidad de buscar siempre parejas adultas y realizadas. Incluso su relación actual parece haber surgido de una fascinación debido a la edad de su pareja. Considerando que Chiara no parece carecer de la madurez que le corresponde a una niña de su edad, hay que entender qué es lo que le impide reconocer dentro de sí misma -y eso la empuja a buscar fuera- las cualidades que en cambio posee. Una vez que haya comprendido este aspecto, Chiara podrá liberarse de la necesidad que le sigue y encontrar la fuerza para dejar a su pareja y caminar rápidamente hacia su propio futuro.

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