Si vives como en una jaula, tu cuerpo se rebela.

Tania, lectora de Riza Psicosomatca, escribe: “Soy una chica de 20 años, voy a la universidad, tengo un novio al que quiero, voy al gimnasio, pero me estoy perdiendo algo. Quiero independencia y libertad, cosas que no siento que tengo. Todavía vivo con mi madre pero me gustaría tener mi propia casa con mi novio, un coche para ir a donde quiero ir sin tener que pedir siempre pasajes, vivir los días con más estímulos y, en consecuencia, sentir más motivación para hacer cosas y poder dar sentido a todo. Hay días en los que vivo en aburrimiento , y los dejo pasar, aunque me haga sufrir porque me gustaría vivir las cosas con entusiasmo.

La vida se va sin problemas

A veces hay períodos en los que nuestros días nos parecen vacíos y, en cambio, al mirar más de cerca, resultan ser lo contrario: demasiado llenos. Lleno de rutinas, pensamientos predecibles, acciones automáticas: ya no tenemos espacio para esos gestos espontáneos que le dan sabor a nuestros días. Prohibimos lo inesperado de nuestras vidas, considerándolo peligroso y poco fiable. Pero, ¿qué podemos hacer si todo nos parece de mal gusto? Muchos se quejan de una existencia en blanco y negro, tachonada de rutinas y hábitos fijos. Son como esclavos de sus propios automatismos: en una vida cotidiana llevada a cabo por la inercia, el entusiasmo da paso a la resignación y la insatisfacción toma la delantera

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Los hábitos son una carretera hacia la miseria

Para redescubrir el entusiasmo y la voluntad de vivir, no hay necesidad de revoluciones: es necesario empezar con pequeños gestos cotidianos, estar totalmente presente en las acciones, especialmente en las acciones mínimas de la vida cotidiana. Lo que sea que estemos haciendo, mientras lo hacemos debemos estar allí, en cuerpo y alma. Muchas veces el problema es pensar que la situación realmente satisfactoria está en otra parte, en el futuro o en una alternativa a alcanzar. Pero cuando lo alcancemos, le aplicaremos el mismo patrón. Y así hasta el infinito, en una infelicidad sustancial y airada. Lo que tenemos que abandonar es sólo una cosa: perfeccionismo . Lo imposible es esclavo de una imagen ideal de sí mismo y de cómo debe ser la realidad. Hay un gran juicio que pesa como una piedra sobre la libertad de vivir y expresarse. A menudo, el estar disponible, de manera consciente, a nuevas experiencias puede modificar la actitud mental y, en consecuencia, la estructura misma del sistema nervioso, abriéndolo a una gratificación natural.

Escuchar siempre los mensajes del cuerpo

Tania añade: “A menudo tengo una sensación de vértigo , patinando, casi desmayándome y me pongo ansiosa porque tengo miedo de desmayarme o me pasa algo. Me siento como un león en una jaula que no sabe adónde ir porque sólo ve barras delante de él. Las molestias que llaman a nuestra puerta, por inesperadas y a menudo invasivas que sean, son en realidad nuestros mejores aliados. Ocurre que perdemos de vista a los demás, que olvidamos quiénes somos realmente y permanecemos como aplastados bajo los roles y pensamientos adquiridos. Las enfermedades nos dicen que la dirección que hemos tomado está mal, que algo está mal en nuestras vidas.

Demasiada racionalidad nos hace temblar

El mareo describe la insurgencia del mundo emocional en las personas que tienden a favorecer la dimensión racional y a hacer todo lo que está a su alcance para frenar sus instintos, lo que resulta en ser muy duro para sí mismas. La sensación de desmayo, de caer al suelo, expresa el deseo de encontrar una dimensión inferior, terrenal, ligada al mundo de las emociones. Los ataques de vértigo pasan si cuestionamos las reglas que nos enjaulan y nos impiden ampliar nuestro horizonte. Sentirse en una jaula, sin salida: la sensación en la base es siempre la misma, la de vivir como prisioneros en un ascensor bloqueado. Una claustrofobia existencial, similar a la de los lugares cerrados y atestados donde no se ve la salida. Pero si cambias tu actitud mental, ¡cambiar tu vida es posible!

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